Río de polémica

 

A 73 días de la celebración de los Juegos, Brasil se enfrenta a la suspensión de Dilma Rousseff, al virus Zika y a la inseguridad

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

A menos de tres meses de la celebración de los Juegos Olímpicos de Río, la ciudad intenta esquivar la carrera de obstáculos a la que se enfrenta en la recta final. La incertidumbre de tener terminadas las instalaciones para el evento deportivo, uno de los grandes problemas que se presentaban, ya está prácticamente solventado. Sin embargo, las obras se han cobrado once vidas, en las excavaciones para la ampliación del metro de la ciudad, en el derrumbe de un tramo de un carril bici construido como legado de los Juegos Olímpicos y durante las obras de infraestructura del Parque Olímpico. Muchos ponen en evidencia las prisas a la hora de finalizar las obras, que se han traducido en inseguridad en los trabajadores.

Las autoridades todavía tienen una larga lista de problemas que solucionar antes de la gran cita, que muchos ya han calificado como los «Juegos de la Polémica». A la problemática del virus de Zika, a la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff con su consiguiente inestabilidad política y al descontento que se vive en las calles en forma de protestas se suman las declaraciones de Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), en el diario francés Le Monde: «decenas de atletas dopados serán probablemente excluidos de participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro«. Esta afirmación surge tras haber realizado controles retroactivos en las muestras almacenadas en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en los que 31 deportistas dieron positivo por dopaje, según expresó el mismo organismo.

Epicentro del virus del Zika

Por su parte, el virus del Zika, aunque últimamente ha perdido peso mediático, tiene en Río de Janeiro el mayor número de víctimas. Las autoridades sanitarias temen que la gran concentración de turistas, más de dos millones, que se esperan que lleguen a la ciudad en agosto, pueda contribuir, cuando estos regresen a sus países de origen, a la mundialización de una epidemia concentrada hasta el momento en América del Sur.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado una guía con recomendaciones para evitar contraer del virus del Zika destinada a atletas, periodistas y turistas extranjeros. Entre las directrices, la OMS recomienda evitar áreas urbanas pobres y superpobladas, sin agua potable o con falta de saneamiento básico, aunque el alcalde de Río, Eduardo Paes, expresó su desacuerdo porque según él, el virus no tiene que ver con la clase social baja.

La política tampoco da un respiro al país. La cúpula gubernamental de Brasil recibió su golpe más duro con la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff. Un recién estrenado Michel Temer será el encargado de liderar los Juegos Olímpicos, un giro de 180 grados que podría provocar masivas manifestaciones durante la cita deportiva. De hecho, las calles del país ya se han llenado de protestas que piden la vuelta al poder de Rousseff y que condenan la suspensión, que muchos brasileños consideran como «un golpe de Estado silenciado».

Las fuerzas de seguridad nacional tendrán que afrontar esta situación, además de blindar los Juegos Olímpicos de la inseguridad que se vive en las calles. Rivaldo, exfutbolista del Barcelona, alertó sobre este tema a principios de este mes. «Aconsejo a todos los que tengan la intención de visitar Brasil o venir para los Juegos Olímpicos de Río que se queden en su país de origen. Aquí usted estará poniendo en riesgo su vida», escribió en su cuenta de Instagram. Y es que solamente en el mes de marzo, 3.926 disparos fueron efectuados en las favelas pacificadas de Río, lo que supone un disparo cada doce minutos.

Nadie imaginó esta crisis política y económica en octubre del 2009, cuando el Comité Olímpico Internacional eligió Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016, la primera vez en la historia que la cita se realizaba en el continente. La crisis financiera ya había estallado en Estados Unidos y Europa pero muchos países de Sudamérica, como Brasil, eran vistos como motores económicos emergentes que se ponían como ejemplos de desarrollo.

Protestas en el Mundial de Fútbol

Pero que las cosas no iban bien en Brasil ya se puso de manifiesto hace dos años con el Mundial de Fútbol. Entonces la cita con el deporte estrella, una auténtica religión en el país, estuvo rodeada de masivas protestas en la calle, algunas incluso violentas, y en estos dos años, la situación ha empeorado a toda velocidad. A partir del 5 de agosto, declarado festivo en la ciudad, los brasileños y el millón de turistas que espera Río de Janeiro serán los mejores jueces para valorar unos Juegos Olímpicos históricos para Latinoamérica.

 

 

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