Votar a los diceciséis

 

Mario Izquierdo. IES Azucarera

En el Congreso se ha propuesto rebajar la edad de voto de los 18 a los 16 años. Con esta medida se propone que los jóvenes que ya tienen plenos derecho en otras áreas como la laboral, penal, judicial o tributaria obtengan el derecho a voto como los ciudadanos responsables que se supone que son. Tras esta propuesta apoyada principalmente por los partidos de izquierdas surgen numerosos argumentos tanto en contra como a favor.

Para resumir, se busca la equidad demográfica ante el aumento de edad de los votantes, la totalidad de derechos, la inclusión de los jóvenes en la política y la posibilidad de dar una opinión diferente para su futuro. Por el otro lado están los que sostienen que no tienen los conocimientos básicos sobre política ni interés en adquirirlos, que son fácilmente manipulables por la propaganda y el entorno y que en general su opinión política es limitada y cuestionable.

Posiblemente si comparamos las propuestas, la que parece más justa y democrática parece la primera que nos llevaría a la igualdad de derechos y a un mundo justo de color de rosa. Ahora miremos a la juventud (evidentemente no toda, con algo de suerte menos de un tercio) y futuros votantes en pleno derecho que se sienten ofuscados y angustiados por la realidad de no fumar en clase, enfrentados al sistema capitalista que sube los precios del whisky y la maría, preparados para defender hasta la muerte la ideología de juego del Barça y relacionándose como borregos con la misma capacidad de raciocinio. Por suerte, esto no se puede aplicar al resto de la población, ¿o si?

 

 

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