Adiós a la selectividad

 

Tras 40 años con este examen de acceso a la universidad, el año que viene los estudiantes tendrán que enfrentarse a una nueva reválida

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

Después de 40 años haciendo pasar nervios a los cientos de miles de estudiantes que han tenido que superarla para acceder a los estudios universitarios, la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) o Selectividad vive este año su última convocatoria de acuerdo con lo estipulado en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce). Esta será la última Selectividad de la historia, un examen que aprueban nueve de cada diez alumnos y que este año afrontaron desde el pasado martes un total de 5537 estudiantes aragoneses, una cifra inferior a la del año pasado (5.744).

Del mismo modo que la Lomce se la conoce popularmente como ley Wert por el apellido del exministro José Ignacio Wert que la elaboró, la legislación que en el 1974 aprobó la prueba que ahora tiene los días contados se la denominó ley Esteruelas, que aludía al entonces ministro de Educación Cruz Martínez Esteruelas que puso fin a la reválida existente para todo aquel que quisiera estudiar una carrera y se intentó dar respuesta a la creciente demanda de estudios universitarios por parte de los jóvenes.

Si se echa aún más la vista atrás, el antecedente de estas pruebas se remonta al Examen General de Bachilleres surgido en el 1857 del Plan General de Estudios del político Claudio Moyano. Le siguió en el 1926 la reválida del plan Callejo (llamada así por el ministro de Instrucción Pública o Educación Eduardo Callejo) y durante la República, la reválida del plan Villalobos (debido al ministro de Instrucción Pública Filiberto Villalobos).

Fue en el 1954 cuando las pruebas de acceso universitario se implantaron definitivamente en el sistema educativo y hasta el 1970 los alumnos realizaron dos reválidas: la de cuarto o Bachillerato elemental y la de sexto o Bachillerato superior.

En el 1974, con la ley Esteruelas, se reguló el examen de Selectividad y en junio del 1975, en las postrimerías de la dictadura, se celebró el primer examen. Los alumnos de esa convocatoria tuvieron que realizar el resumen de un conferencia, un análisis de texto, preguntas sobre Lengua y Matemáticas y sobre dos materias optativas. Desde entonces, esta prueba se ha ido modificando en algunos sentidos y en el próximo curso académico 2016-2017 tendrá lugar su sustituta, la primera evaluación final de Bachillerato, que deberán hacer los estudiantes que hayan cursado segundo de bachiller y su nota se tendrá en cuenta para acceder a la universidad. Sin embargo, esa evaluación no tendrá efectos académicos el próximo curso, es decir, no será necesario superarla para obtener el título de Bachiller, que sí contará en el curso 2017-2018.

Según el proyecto de Educación, esa evaluación tendrá un formato similar a la Selectividad y contará en un 60% la nota de los dos cursos de bachillerato y en un 40% el resultado de la prueba, porcentajes que se mantienen respecto a los actuales.

Pero en 40 años esta prueba de acceso a la universidad ha sufrido numerosos cambios.

Primero, se realizaba al terminar COU, que equivale al actual Bachillerato y estuvo vigente hasta el año académico 2000-2001. Tradicionalmente el examen calificaba sobre diez puntos hasta el 2010, cuando la cifra ascendió a 14 puntos.

Reminiscencias del pasado

Aunque para los estudiantes que se enfrenten al año que viene a la reválida ésta les puede resultar novedosa, lo cierto es que tras la Guerra Civil Española (1936-1939) lo que existía era una reválida. Le llamaban Examen de Estado y estaba compuesto por una prueba escrita y otra oral. Los exámenes tenían lugar en las universidades y los miembros de tribunal eran profesores universitarios. Una vez aprobado el Examen de Estado, las facultades realizaban un examen de ingreso.

Este sistema de evaluación estuvo vigente hasta los años 50. La Ley de la Enseñanza Media del 1953 implantó el Curso Preuniversitario y la Prueba de Madurez, que permaneció hasta la década de los 70. Las pruebas de madurez estaban compuestas por un grupo de ejercicios comunes y otro específico. El primer grupo estaba formado por religión, idioma moderno y formación del espíritu nacional; y el segundo grupo englobaba filosofía, ciencias naturales, literatura española e historia del arte. El grupo específico para los alumnos de letras estaba formado por latín y griego y para los de ciencias por matemáticas y física-química.

Pero no solo los estudiantes que opten a estudiar una carrera universitaria tendrán que afrontar esta nueva prueba el nuevo curso académico. La medida se extenderá también a los alumnos de 4° de la ESO, que tendrán que realizarla de forma obligatoria si quieren obtener el título de graduado en secundaria. El pasado mes de mayo, Educación también modificó la prueba, que supondrá un 30% de la nota final del alumno, y determinó que no será tipo test, no se hará en la misma fecha en toda España ni incluirá 350 preguntas, como se dijo en un principio. Habrá que esperar al próximo curso académico para saber los detalles.

 

 

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