Un retrato vibrante

 

Guillermo Muñoz García, La Salle Montemolín

Los cabellos color miel cubren su cabeza deslizándose hasta sus hombros. Sus ojos profundos y castaños siempre se observan de manera tímida. Su nariz pequeña y curvada se eleva sobre unos labios rojizos, finos y levantados de los que emerge una voz profunda y armoniosa.

Camina con paso elegante, desplaza su figura helénica dejando tras de sí los restos de sus incautos pretendientes. Con una de sus miradas es capaz de romper al hombre más fuerte porque a través de esos enigmáticos ojos y de esas estrambóticas formas del brillante iris, se esconde un alma fuerte y atormentada.

Su personalidad se asienta sobre los huesos de la decepción y la confianza ciega. Las incremencias la han forjado estilizada y poderosa.

El fuego sigue ardiendo con fuerza, pues el viento no ha hecho más que avivar las llamas.

 

 

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