La maldición

 

Clara Paracuello Sánchez, 3º ESO La Salle Montemolín

En una tierra lejana, en un pequeño poblado de numerosas leyendas y misterios sin resolver, habitaba una muchacha de humilde familia pero de mal corazón. Con su prepotencia, arrogancia y sus chismorreos llegó a sentenciar a los habitantes del poblado e incluso a su propia familia, que se vieron obligados a acudir al hechicero más conocido del reino, ya que la convivencia con ella se estaba volviendo insostenible.

Los vecinos enviaron una carta al hechicero contándole la situación en la que se encontraban. No tardaron mucho tiempo en recibir la respuesta a su carta.

El hechicero les propuso un trato: él les libraba de la muchacha a cambio de que ellos la llevaran ante su cabaña, en la que permanecería junto a él los próximos nueve meses, y así lo hicieron.

Los primeros días pasaron sin ninguna incidencia importante pero al cabo de las semanas y meses, la convivencia entre el hechicero y la joven se volvió insoportable. A los dos meses el hechicero no pudo más y le lanzó un hechizo que le impedía pronunciar palabra, devolviéndola así de vuelta a su casa.

A los seis meses el hechicero recibió una carta de los padres de la joven, en la que les contaba que el hechizo no había surgido buen efecto en ella, pues se las apañaba de tal forma que aun sin hablar, era capaz de desquiciar a cualquiera. En la carta, rogaban al hechicero que su hija volviera con él, a ver si era capaz de cambiarla por el bien de todos. Los padres ofrecieron todas las pocas riquezas que poseían con tal de que el hechicero aceptara. El hechicero aceptó y la muchacha regresó a la cabaña en la que se le realizaron numerosos hechizos sin éxito alguno.

A los meses, los padres de la joven recibieron la visita del hechicero, que ya mayor se ayudaba por un bastón de madera para andar. El hombre les entregó una semilla que les hizo plantar.

Les informó de que su hija se encontraba en un buen sitio y que dentro de un tiempo recibirían noticias sobre ella.

A los meses, el viejo hechicero murió, y antes de ello mandó redactar una carta a los padres de la joven en la que les decía: "El caso de vuestra hija ha sido el más difícil al que me he enfrentado pero al cabo de mucho tiempo lo he logrado solucionar. Os estaréis preguntando dónde está vuestra hija, pues ahí va la respuesta. Quiero que vayáis al lugar exacto donde plantasteis la semilla que os entregué hace unos meses, pues el árbol frutal que hay en su lugar es vuestra problemática hija que ya no os va a atormentar, sino a dar alimento y cobijo".

Dicen que en la actualidad, once siglos después, el árbol sigue existiendo. La leyenda cuenta que el árbol viviría tantos años como improperios y cotilleos fuera de tono había pronunciado la joven.

Dicen que si te acercas a él y escuchas atentamente, se oye a la joven quejarse y criticar.

 

 

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