Princesa de princesas

 

Raquel Salas Mendívil, La Salle Montemolín

Cuenta la leyenda que en un planeta desconocido de nuestra galaxia viven todas las princesas, príncipes, reyes y reinas... y también sus siervos.


Se desconoce la cantidad de princesas que allí habitan, solo conocemos la historia de las que nos hablan en los cuentos como Cenicienta, La Bella Durmiente, Blancanieves... Pero se podría decir que esos cuentos están un poco adornados porque ellas también sufren.


En este planeta llamado Estilelia vivían todos los seres fantásticos que tantas veces nos han dicho que no existen, desde dragones hasta hadas. Pero no todas las princesas son tan guapas, ni tienen su propio reino... Lo que sí es cierto es que tienes que tener un príncipe para poder ser una princesa. Si cumples 16 años y no tienes príncipe, te destierran y te envían a una alta torre vigilada por un dragón, con la condición de que podrás salir de ahí cuando tu amor verdadero se enfrente al dragón y te salve.


Allí había una, era preciosa. Sus cabellos eran dorados y largos, tenía ojos verdes, unos carnosos labios y muy buen cuerpo. Era, de todas, la princesa más guapa. La llamaban La princesa de la princesas, nadie sabía su nombre real y desconocían cómo era verdaderamente, pero ¿cómo hacerlo si ni ella se conocía?


Era egoísta y se consideraba la mejor. Muchos príncipes le pedían su mano pero ella les rechazaba porque no eran suficiente. Lo mismo pasaba con el resto de princesas, todas querían ser sus amigas pero ella solo iba con dos chicas. La semana anterior a su décimo sexto cumpleaños, organizó un concurso para encontrar el amor. Se presentaron todos los príncipes de reino. Nuestra princesa tenía que ir eliminándolos y cómo no, empezó con los más feos. El día anterior de la decisión final se le apareció una bruja muy guapa que le dijo: –Si aún más guapa quieres ser, de este bote debes beber.


Sin pensárselo, se lo bebió. Al día siguiente, al elegir a su príncipe, ya no quería estar con ella, ni él ni ninguno. Desconsolada fue a sus aposentos y mientras lloraba apareció una bruja, esta mucho más fea. Le enseñó en un espejo cómo había quedado después del hechizo. Era horrible. –¿Qué voy a hacer?–preguntó– mañana es mi cumpleaños y no tengo príncipe. –No temas– le dijo la bruja– yo te sacaré de aquí.


La llevo hasta la Tierra, donde tuvo que ir a la escuela, tenía familia, amigos... Con el paso del tiempo, la bruja volvió para llevarla de nuevo a su planeta. –No quiero ir– le dijo la princesa– ya estoy entre princesas. ¿Las ves? Están yendo al colegio las más pequeñas, allí hay otra que va al trabajo para sacar adelante su familia... Por primera vez, siento que estoy en mi lugar, aquí la gente me quiere por como soy, no por mi belleza.


Y cuando acabó de hablar, la bruja desapareció y con ella todos los granos y las verrugas de la cara de nuestra princesa.

 

 

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