Rechazo ante el acoso

 

Alejandro González, 4° ESO Fundación San Valero de Zaragoza

¿Te chillan, se meten contigo por tu forma de ser, se burlan de tu apariencia física, cuentan mentiras a otras personas acerca de ti, te insultan, se ríen de ti cuando te equivocas en algo, no te hablan, no te dejan hablar, te llaman por motes que no te gustan, te amenazan con pegarte, te empujan…?

Según un estudio de la organización internacional Save the Children, uno de cada tres niños españoles, de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, reconoce haber agredido a un compañero en los últimos dos meses. Este estudio también revela que uno de cada diez estudiantes españoles reconoce ser o haber sido víctima alguna vez de acoso escolar. Para comprender lo que es el acoso escolar o también llamado bullying lo primero que debemos hacer es explicarlo abiertamente.

El doctor en psicología Iñaki Piñuel lo define como «un continuado y deliberado mal trato verbal o modal que recibe un niño por parte de otro u otros, con el objeto de someterle, intimidarle, amenazarle u obtener algo mediante chantaje y que atenta contra la dignidad del niños y sus derechos fundamentales». Son los insultos directos, también los indirectos, la difusión de rumores, el robo o daños a la propiedad, los golpes físicos, la exclusión y las amenazas las principales acciones que se dan en este tipo de acoso. Cuando a estos acosadores se les pregunta por qué lo hacen, la mayoría contesta «no lo sé» o «era broma».

No es frecuente encontrarse en los medios de comunicación con este tema. No es frecuente hasta que estalla un caso en el que la víctima tomó la decisión de quitarse la vida; es entonces cuando vemos a los responsables evitar, evadir y negar cualquier tipo de acusación.

Algunas personas dicen que es cosa de niños, que son solo bromas, que con el tiempo esto no se repetirá… pero no son conscientes del daño que esto puede llegar a ocasionar a una persona que continuamente está viviendo este tipo de acoso durante un tiempo prolongado. Un infierno que puede llegar a provocar depresión, abandono escolar, absentismo y, en último extremo, suicidios.

Las medidas que se toman ante estos casos de acoso parecen insuficientes; necesitamos de un código más estricto, de campañas más amplias, de educación más consciente para que no suceda esto en otras ocasiones. Se estima que hay en torno a 193.000 víctimas y existen 103.000 acosadores. Las cifras son demoledoras, las historias son muy crudas y muchos de los acosadores no acaban pagando por lo que han hecho a los demás. Por este motivo, todos debemos ser conscientes de lo que suponen nuestras acciones y debemos intentar que estas no recaigan de forma negativa en los demás.

Sabedores de que el acoso escolar es un problema muy importante en nuestra sociedad, creo que en nuestras manos también está el no permitirlo, el juzgarlo, castigarlo y acabar con él y el sufrimiento de las víctimas que lo padecen.
 

 

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