Evocación al pasado

 

Santiago Sancho, Fundación San Valero

De niño comí farinetas humeantes que al hambre dormía.

Alpargatas de goma o de esparto cubrían los rojos sabañones de fríos alargados en noches eternas.

Culeras en los pantalones y calcetines zurzidos adornaban la monótona vestimenta de días laborables y festivos.

Con jabón duro y estropajo, en un balde de cinc oscuro, me contemplaba de arriba abajo limpiando mi cuerpo dormido.

El padre, sin trabajo fijo, buscaba cada día el duro jornal de la recompensa con semblante entristecido.

Y la madre, sufriendo la desesperanza, nos contaba cercana a la lumbre historias que alegraban los sentidos.

Crecimos rezando raciones monocordes ante una Iglesia que castigaba con dureza la ausencia a los divinos oficios.

Pero el campo era libre y los pájaros cantaban. Bebíamos agua amorrados al río, y las manzanas robadas por los huertos cercanos sabían a miel en nuestros estómagos agradecidos.

Trabajando a destajo atravesamos el largo túnel que moría en la esperanza, dejando la rabia que nos alimentaba en el camino. Y cuando el maná lo teníamos en la mano, se derrumbó el falso andamiaje y se apagó la llama del destino.

De nuevo toca esperar, a cerrar los dientes y a levantar los brazos, a buscar de nuevo el jardín en donde las flores permanezcan siempre con sus pétalos encendidos.
 

 

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