Las chuches de la codicia

 

Alejandro E., Colegio Salesianos Ntra. Señora del Pilar

La tormenta arreciaba y la noche estaba al caer pero de repente un resplandeciente rayo de luz me cegó durante unos segundos y apareció un ser mágico. Era una especie de dios extraño que me dijo: "soy Tinubis y te veo en apuros y te voy a hacer un favor; voy a transformar la lluvia en una de chuches". Al cabo de un rato era todo distinto. El sol lo veíamos azul, el agua era roja, las hojas de los árboles eran moradas. Todos teníamos chuches, excepto unos niños, y nadie les quería dar. Yo al recordar la generosidad que había tenido Tinubis conmigo, les di a estos la mayoría de mis chuches. La verdad es que mis nuevos amigos no son tontos y con estas consiguieron fijar las chuches para construir una estatua en mi honor. a partir de esto pasamos unos veranos increíbles
 

 

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