El otoño de los libros

 

Los alumnos de 4º de la ESO visitaron la biblitoeca Ildefonso Manuel Gil

IES Valdespartera

No era un viernes cualquiera. En plenas fiestas del Pilar, el despertador nos obligaba a seguir madrugando como cualquier otro día (y no para disfrutar de las vaquillas, precisamente). Al menos teníamos prevista una misteriosa salida a una fantasmagórica biblioteca -la Ildefonso Manuel Gil- situada en pleno centro de Zaragoza.

Al entrar pasamos por un detector de metales y la primera impresión fue impactante: a simple viste era una mezcla del siglo XIX con el siglo XXI.

Una trabajadora de aquella biblioteca vino a darnos la bienvenida, y a llevarnos a la mítica biblioteca del mismísimo Harry Potter, que es un misterio para toda la población aragonesa. Nos sentíamos afortunados por poder entrar; pues en aquella sala se habían reunido las personas más cultas de la época. Allí compartían la atracción y el amor por la lectura.

Es fascinante saber que, donde nos encontrábamos, se había sentado siglos atrás un genio de la literatura. Ahí; sentado en el sillón, leyendo un libro del siglo XVI y tomando un té, mientras se secaba su bigote entumecido por el vapor de la humeante infusión. Hemos de recordar, además, que también era un antiguo casino y fue residencia de antiguos condes aragoneses.

Hoy es una biblioteca con mucha seguridad; los libros expuestos tienen gran valor económico y cultural. Solo nosotros y otros visitantes, además de un espíritu morador del que se nos habló, conoce ete lugar decimonónico, donde las puertas secretas conviven con miles de apergaminados volúmenes, espejos que parecen invitar al espectador a retroceder en el tiempo, escaleras mágicas que no deben subirse por riesgo de derrumbe o, quizá, por si son el pasadizo a una dimensión desconocida para los mortales…

Para llegar, hubimos de superar laberínticos pasillos, salas vigiladas por retratos goyescos, alfombras rojas que nunca terminan… en el interior del palacio de Sástago. Una vez aposentados en torno a una laaaarga mesa de más de diez metros, vimos una pila compuesta por libracos enormes y pesados volúmenes que andaba hacia nosotros. Descubrimos con alivio que, tras ella, una bibliotecaria de carne y hueso, Sandra, depositaba aquella masa de libros sobre la mesa donde iba a tener lugar la sesión -no de conjuros o espiritismo- sino de la historia del libro desde sus orígenes hasta nuestros días.

Nos explicó que antes algunos aristócratas, aunque no supieran leer, compraban libros porque quedaban muy bien en las estanterías, mesas de estar, etc. Los soportes fueron evolucionando desde la arcilla, pasando por el papiro, el papel de trapo, el pergamino hecho con piel de animal y el papel que hoy en día utilizamos, en convivencia con el libro electrónico. Vimos y tocamos libros de gran calidad y otros de menos; los buenos eran de mayor tamaño, tenían tapa dura, los bordes de pan de oro, mayor diámetro, mejor tinta y mayores márgenes de presentación.

Los de peor calidad eran muy pequeños, no dejaban márgenes, tapa blanda, mala calidad de papel y de tinta, y peor conservados. Lo que más impresionó a nuestra compañera Andrea fue lo complicado que era hacer un libro antes de la invención de la imprenta de Gutemberg en la Alemania del siglo XV; ya que ahora es muchísimo más fácil y rápido.

La alumna Malena cree recoger el parecer de todo el grupo cuando afirma: estuvo genial la charla; a mí me encantó. A Nabil lo que más le llamó la atención no era la antigüedad de los libros; sino los pasadizos que había en la propia biblioteca, y ese aire de misterio que nos recuerda que muy pronto llegará la mágica noche de Halloween.
 

 

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