Un adios por la bandera

 

María Pilar de Dios, 4º ESO IES Félix de Azara

Sigo sentada frente a la ventana esperando a que vuelvas. Llevo así desde tu partida. No paro de pensar en las cosas que callé cuando cruzaste esa puerta. Sabía lo que te esperaba gracias a la señora del noticiero. Siempre me repetías que ya tenías medio pie en casa, pero no soy tonta, sabía que no eran más que patrañas. Cada noche rezaba a Dios para que te trajese sano y salvo, pero ¡bah! ¿Eso acaso le sirve a alguien?

Tu cuarto huele a ti. De vez en cuando me gusta pasar por ahí y recordar ese 21 de enero de 1941, donde, por primera vez, a los 10 años, te rompieron el corazón, pero prometí que siempre ibas a tener el mío. A tus trece años te rompiste tu primer hueso montando en tu bicicleta recién comprada; en ese momento no sé si llorabas por el dolor o por el fracaso. Y siempre que querías algo no parabas hasta que lo conseguías. No puedo más, son demasiadas cosas. No solo te pierdo a ti, hijo mío, sino también todo lo que nos quedaba por vivir. Cada día te necesito más y tengo más asumida tu partida. Sin ti ya no pinto nada en esta vida. Sin ti cada día está la casa más vacía. Diste tu vida por la bandera y yo ahora daría mi existencia por abrazarte una vez más. Sin ti cada día siento más la presión de esta vida. Espero que allá arriba estés a gusto con tu padre. Pronto nos reuniremos, hijo mío, te lo prometo.
 

 

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