Felicidad

 

Tania Villagrasa (4°ESO) SES Bujaraloz

"Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama". (San Agustín)

Aunque nos imponen un buen físico desde los anuncios y canales de televisión, las modelos en las pasarelas, las revistas y los diarios, no pienso que el ser guapos o feos, altos o bajos, gorditos o delgados sea lo imprescindible en nuestra sociedad. Hay que mirar a través y pensar que cada uno somos como somos, hemos nacido con unas determinadas raíces, modificadas en mayor o menor medida por la educación que hemos recibido por nuestra familia y profesores.

Ante todo, quiero aclarar que soy partidaria de la libertad. ¿No estamos en un país desarrollado donde la libertad de expresión y pensamiento rebosa en todos rincones del territorio? Ya que su obtención dio lugar a millones de enfrentamientos durante toda la historia, ¡venga, utilicémosla!

A mi parecer, cada persona ha nacido con unas cualidades, virtudes y pensamientos diferentes en relación a los de los demás. Si no, ¡qué aburrimiento!, todos pensaríamos lo mismo y haríamos exactamente lo que hace el de al lado o nosotros lo que realizan aquellos y viceversa.

En los últimos años, esta idea se ha tergiversado de tal manera que a las personas se las clasifica, y son discriminadas por sus creencias, su partido político, las acciones que desempeñan (por ejemplo, si lo que haces no lo hace la mayoría), la religión, la nacionalidad, el sexo o la orientación sexual.

Por ejemplo, fijaos en las personas que son fieles a un determinado partido político o antiguamente, las que combatieron en la guerra civil. Los 'grises' no se relacionaban con los 'rojos' por el mero hecho de que poseían pensamientos diferentes. O también, que hoy en día produce un 'boom' tremendo en determinadas personas, (en todas no, pues hay unas más comprensivas que otras) el hecho de que un hombre se case con otro hombre, o una mujer tenga por novia a otra. Incluso por el país de origen (sobre todo, esto ocurre con los países africanos o asiáticos) se rechaza conocer a personas por su origen, costumbres o religión. Pues bien, ¿por qué no dejamos ese tipo de pensamiento a un lado? Sólo nos ha traído consigo guerras, disputas y peleas.

¿No somos libres de pensar lo que queramos, pero con un cierto criterio? Por ello no nos tiene que afectar que si a mi mejor amigo le gustan los chicos y él es feliz, adelante, yo también seré feliz de verle a él. Dejemos de lado este tipo de tonterías superficiales y centrémonos de verdad en lo que realmente importa.

¿Tendrías el valor de no consolar a una persona por tener distinta religión?, ¿dejarías en evidencia a un compañero de clase por ser homosexual?, ¿juzgarías las ideas de una mujer?, ¿serías capaz de no ayudar a un niño que ha perdido a sus padres?

Pues bien, amigo, sólo decirte que yo no podría en ningún caso tener la sangre fría de ello.

Por consiguiente, yo lo daría todo por los míos, mi familia y mis amigos. Eso es lo que de veras me importa. Hay que comenzar a conocer a personas y saber qué les hace felices, por qué viven, qué valoran, qué darían por ello... Hay que ser felices y hacer felices a los demás. Por ello, si quisiera conocer a una persona, averiguaría, más tarde o temprano, qué es lo que ama.

En este caso estoy de acuerdo con San Agustín, pues viendo felices a los demás puedo conseguir ser yo feliz.

 

 

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