¡Feliz falsedad!

 

Mario Asensio Pérez. Colegio La Salle Montemolín de Zaragoza

Durante las últimas décadas, con la influencia de las festividades norteamericanas, nuestra Navidad se está convirtiendo en algo más que en una fiesta cristiana; la estamos transformando entre todos en una tradición anual con el único fin de consumir compulsivamente.

Siempre ha existido la costumbre de que los niños españoles recibieran un regalo el Día de Reyes, conmemorando el recuerdo del nacimiento de Jesús, pero actualmente se han añadido otras fechas nuevas y personajes con el único fin de hacer y recibir regalos.

Esto no es culpa de los ciudadanos sino de las grandes empresas que nos quieren hacer creer que los regalos materiales son la lacra para el disfrute de estas fiestas familiares. ¿Es necesario consumir tanto? Rotundamente no.

No es una necesidad recibir un regalazo para Navidad, ni mucho menos tener la comida más exquisita para nuestro paladar, así como tampoco lo es reunirse con toda tu familia venga bien o mal, se den las circunstancias que se den. Parece que durante estas fiestas tan señaladas en los calendarios de los grandes almacenes al resto se nos olvida lo que pasa el resto del año en el mundo y los problemas que hay.

En estos tiempos no recordamos la pobreza, los problemas políticos, las personas que se encuentran solas en el mundo, las guerras...

Ni siquiera pensamos el motivo por el que nos reunimos la familia. Nos limitamos a sonreir, a zampar y a gastar.

 

 

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