Las Fiestas del Pilar del dos generaciones

 

Clara Ayuso Ramos

¡Genial! Habían llegado las fiestas más esperadas por los zaragozanos, en honor a su Virgen, las fiestas del Pilar. Prometían ser geniales: muchos conciertos, ofrendas, el pregón... Mucho tiempo con los amigos, salir hasta tarde...
--Tenía muchas ganas de que llegaran las fiestas--, comentó Raúl, un adolescente de 16 años mientras veía la televisión con su abuelo, aprovechando un alto en las desenfrenadas celebraciones para estar con él.
--Todo el mundo está de buen humor, hay muchísima fiesta, conciertos en el centro, en Interpeñas... ¡Puedes escoger entre un montón de actividades para todos los gustos y bolsillos!--, dijo.
Raúl observó cómo su abuelo torcía el gesto y mascullaba: --Por supuesto, todas las calles quedan llenas de botellas de los jóvenes que sólo relacionan fiestas con botellón, conciertos con descontrol y pregón con un lugar más donde berrear--. El ceño del anciano estaba claramente fruncido por la indignación y el enfado.
--En mis tiempos, esto era otra cosa, era un motivo por el cual celebrar algo en honor a nuestra Virgen; ahora toda la atracción la despierta el poder salir de fiesta e ir a los conciertos--, recordó el anciano.
--Pero abuelo, siguen estando las ofrendas, la gente sigue yendo con la misma devoción. Simplemente, además de eso se hacen diferentes celebraciones para atraer más a los jóvenes de hoy en día--, trató de explicarle el chico. Para él las fiestas no tenían nada de malo, pero al parecer su abuelo no pensaba igual.
--A vosotros os importan muy poco las tradiciones, con iros noche tras noche a beber a los parques y las plazas tenéis suficiente--, continuó refunfuñando el anciano, sin dar su brazo a torcer ante las explicaciones de su nieto. Éste suspiró dejando su mirada perdida en la blancura del techo, y armándose de paciencia replicó: --No hay que verlo todo del peor lado posible; como ya te dije, no se menosprecian las actividades en torno a la Virgen, tan sólo se brindan otras opciones--, repitió.
--Los jóvenes no se dedican únicamente a beber y ensuciar el entorno, también llenan de alegría y música las fiestas. Sin ellos todo sería más triste y monótono--, dijo Raúl.
Al fin, el anciano esbozó una sonrisa, mientras recordaba sus años mozos y volvió a posar la vista en la televisión, perdiéndose en su torbellino de color y sonido, que anunciaba las fiestas que ya se estaban viviendo y cuyo ambiente se respiraba en todos los rincones de nuestra querida ciudad.

 

 

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