Dum vivimos, vivamos (parte 2)

 

C. Domínguez, B. Ejarque, A. Egea, IES Félix de Azara

Dum vivimos, vivamos (parte 1)

Pasaron dos semanas, dos duras semanas sin saber de él. Estaba en un estado deplorable, todos mis amigos me lo decían cuando me venían a ver. Le echaba de menos, pero me dolía demasiado como para dar el primer paso y arreglar nuestra relación. Si es que se podía arreglar.

Un día de estos llamaron a la puerta, no estaban mis compañeros de piso, así que tuve que levantarme de la cama. Al abrirla no me encontré con una persona, sino que había algo en el suelo.

Sobre una almohada roja estaba el segundo álbum de 30 Seconds to Mars, en el que, como bien sabía, se encontraba Was it a dream. Nuestra canción.

- Está nuestra canción - Cuando miré hacia arriba me encontré con unos ojos suplicantes y compungidos.

- Lo sé, me he dado cuenta - intenté no sonar borde, aunque fue imposible.

- Mira, Nick, ya no lo puedo ocultar más, sin tu presencia estas semanas han sido devastadoras, incluso más que los tornados que grabo. He estado pensando, y la verdad es que con tal de estar contigo, todo lo demás no tiene importancia. Si me pides que deje mi trabajo, lo dejaré, siempre y cuando lo único que no pierda seas tú.

- ¿Harías... harías eso por mí?

- Sin pensarlo, si así consigo que seas feliz...

No cabía dentro de mi ser, el hombre al que amaba estaba declarándose, me estaba poniendo por delante de todo. Pero no le podía hacer eso, yo no era así. No le podía privar de aquello que tanto le satisfacía, aun si eso significaba vivir con miedo a perderle.

- Manu, no puedo impedir que sigas tus sueños, tendré que aprender a controlar mi miedo.

- Eso significa que... - dijo con un rayo de esperanza en su voz.

- Sí.

Y dicho esto, nos besamos como si no hubiera un mañana, como si nuestros labios se hubiesen necesitado durante este tiempo, hambrientos.

Pasaron un par de meses en los que no me separé de su lado. Con él, todo era diferente. Me volví un poco más aventurero, aprendí a disfrutar de la vida a su manera, la cual se había convertido en nuestra manera. Nos tirábamos en paracaídas, hacíamos puenting, parte de la ruta 66, canté en un karaoke, e incluso participé en un rodeo.

Éramos felices, lo éramos. Al mirarlo, veía mi futuro, él era mi futuro. Pero la vida es lo que es y el azar no estaba de mi parte, ni de la suya. Manuel Sánchez murió un cinco de noviembre al ser golpeado por un coche cerca de un tornado.

Con él, se llevó muchos sentimientos y emociones, pero dejó en mi puerta otros nuevos. La tristeza más profunda y verdadera que un ser puede sentir, ira, ira hacia él, hacia mí, hacia el mundo, y un vacío inhumano, quizás más grande de lo que alguna vez estuvo lleno.

Y aquí estaba yo, en España, intentando rehacer mi vida, siendo un poco más él y menos yo, y sin darme cuenta me percaté de que no dejé de serlo, ahora era más yo que nunca. Solo necesitaba cambiar de aires y no olvidar lo que en su día me dijo Manu.

"Yo le amé y él me amó, y cuando murió, los dos morimos, pero antes de eso, vivimos".

 

 

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