Adolescentes con ¿voz y voto?

 

Alejandro González, 1º Bachillerato Centro Educación Secundaria San Valero

Hace tiempo que ya se viene oyendo esta propuesta, que no es otra que la de ampliar el voto a aquellos ciudadanos españoles mayores de 16 años. El pasado 19 de abril se llevó al Congreso de los Diputados, del que salió victoriosa por 174 votos a favor, 144 en contra y 6 abstenciones. No obstante, debido a la inestabilidad que sufría el Gobierno y la disolución de las Cortes, tan sólo quedó en eso, en mera propuesta sin llegar a iniciarse los trámites parlamentarios pertinentes. Con el ánimo de que se hiciese realidad y no cayese en el olvido, el grupo de Esquerra Republicana de Cataluña volvió a llevarla ante el Congreso, donde el pasado 22 de noviembre la defendió.

Sin embargo, la ausencia de cinco diputados de la izquierda hizo tornar la balanza de votos situando a ésta en 173 votos en contra y 168 votos a favor.

Por ese motivo, tras la negativa del Congreso, esta propuesta de ley no llegará a efectuarse. Mientras la izquierda española en su mayoría defiende el derecho al voto de aquellos jóvenes que una vez cumplidos los 16 años ya se les exigen responsabilidades penales, tributarias y judiciales, la derecha española señala la posible inconstitucionalidad de esta medida, refiriéndose al artículo 12 de la Constitución que dictamina que los españoles son mayores de edad a los 18 años.

Pero fuera del debate político, lo que se plantea es algo más bien referente a una cuestión social. Es evidente que en los últimos tiempos la sociedad española se ha visto sumida en una pluralidad de ideas que la han transformado.

Es por ello que tras la irrupción de los nuevos partidos políticos se planteen nuevos marcos y posibilidades que antes no existían, pero ante esta nueva situación también se generan preguntas a las que la sociedad tiene que dar respuesta.

¿Estamos preparados los jóvenes mayores de 16 años para ejercer el derecho al voto o aún somos inmaduros para ello? ¿Estamos capacitados para elegir libremente o por el contrario somos de alguna manera manipulados? Bajo mi punto de vista, si ya somos lo suficientemente maduros para ser juzgados como adultos, o para que las responsabilidades tributarias recaigan sobre nosotros, o si somos ya capaces de trabajar e incluso de tomar decisiones por nosotros mismos en el ámbito sanitario, ¿por qué no íbamos a estar ya preparados para ejercer el derecho al voto? Jugar con la opción de la posible manipulación como argumento en contra me parece muy curioso, ya que en mi opinión es más bien una maniobra política que una realidad que pueda afectar al conjunto de jóvenes a los que esta ley incumbe.

Desde aquí animo a toda aquella persona que esté leyendo esto a que reflexione sobre la cuestión porque con la evidente emersión de ideas que se está produciendo, más de una vez, necesitaremos pararnos a pensar y reflexionar sobre los acontecimientos y los nuevos planteamientos que se irán sucediendo.

 

 

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