Memento Mori

 

A. Legarre, M. Aller, J.A. Migarro, V. Pablo, IES Félix de Azara

El tiempo pasa irremediablemente para todos, y yo no soy la excepción. Demasiados años cargo ya en mi espalda, y con estos años, momentos únicos e inolvidables compartidos a vuestro lado.

Puede sonar muy tópico pero quiero agradeceros esos momentos en los que habéis llenado mi vida de un amor tan real, que la gente podía incluso a llegar a tener envidia. También agradeceros las miles de risas que habéis desprendido de mi boca, en las reuniones familiares con vuestros chistes malos y anécdotas. Pero sobretodo quiero agradeceros los momentos de tristeza compartidos, porque han sido esos momentos en los que me he dado cuenta de que siempre estaríais para mí, limpiando mis lágrimas y arropándome con vuestros brazos, es decir, estos momentos nos han hecho estar más unidos, vencer todos los obstáculos que se han ido poniendo en nuestro camino, con el paso de los años. Hoy en día, el tiempo pasa más rápido de lo que nunca lo ha hecho hasta ahora. La gente viaja de un lugar a otro durante su ajetreada vida, pidiendo que les añadan más horas a sus días. Todo se mueve rápido y las manillas del reloj lo que más. Por ello os pido que disfrutéis de la vida, que améis, lloréis, que os equivoquéis y que nunca os quedéis con las ganas. Porque más vale arrepentirse de lo que hemos hecho, que de lo que no hemos intentado.

A mi nieta, a la niñita de mis ojos, la recuerdo el día que llegaste, tan pequeñita y tan linda, que se me saltaba el corazón de alegría y emoción, mi hijo me daba una nieta y no para hacerme más viejo, sino para darme la felicidad. Eras tan pequeña, tan frágil… que no podía resistirme ni un solo minuto en no cogerte entre mis débiles brazos, pero suficientemente fuertes para sentir esa cálida y grata sensación de amor hacia ti. Con esto quiero decirte que, aunque no hayamos podido vivir muchos momentos juntos, cada día que pasaba a tu lado lo aprovechaba y lo disfrutaba como si fuera el último; no pretendo que entiendas esto ahora, porque aún eres demasiado pequeña, pero quiero que sepas que tu abuelo te quiere y te va a querer siempre y que espero que nunca te olvides de él.

También me dirijo a ti, a mi otro yo, por todo el tiempo que he invertido intentando hacerte la mejor persona que he podido (yo creo que lo he conseguido). Por los lloros y rabietas que he tenido que calmar, los enfados de adolescente que he causado, y las satisfacciones que me has dado ya de adulto. Todo el tiempo que ha pasado en ti lo ha hecho también en mí, pero a ti te ha sentado mejor.

No sé cuál de todas las lecciones que he intentado inculcarte habrá surgido efecto, pero lo que sí sé es que no podría sentirme más orgulloso de ti, hijo mío, y recuerda que el mundo gira porque tus pasos te impulsan a ello; no dejes de luchar por tus sueños, que aún tienes tiempo para cumplir todos ellos. Te hablo a ti, al amor de mi vida, a la mujer que ha alegrado mis días a lo largo de estos 55 años juntos, a la mujer con la sonrisa más bonita que he podido ver en mi vida, esa sonrisa que es capaz de iluminar la noche más oscura de diciembre. Tú que lo das absolutamente todo, con toda la ilusión del mundo, con tus ganas de hacerlo bien, con tu mezcla de niña y mujer. Sin duda alguna, te has convertido en mi lugar favorito, en la obra de arte más bonita que la gente podrá llegar a admirar, pero sobre todo has puesto la melodía a la banda sonora de mi vida. Parecerá poco, pero lo más bonito que te puedo llegar a decir es que estoy muy orgulloso de ti. De lo que hemos formado juntos, de la mujer en la que te has convertido. Nunca olvides que este viejo gruñón te ama más que ayer, pero menos que mañana.

Mi tiempo ya está acabando, llega la hora de despedirse, pero no quiero que toméis esta carta como un adiós definitivo. Aunque no me veáis, voy a seguir estando con vosotros en el pensamiento.

Quiero que me recordéis por todo lo que he hecho, por lo bueno y por lo malo, sin excepción alguna, porque si solo recordáis mis buenas acciones no estaréis recordándome en mi conjunto.

Ya son demasiados años vividos y aunque quedan muchas cosas por hacer, en esta vida no tenemos tiempo para todo.

Se quedarán muchas cosas en el camino, muchos sueños sin cumplir, mucha gente que se marchó antes que nosotros y muchos proyectos sin concluir. Ahora toda mi piel es un libro de historia, y hoy, después de 76 años abierto, se cierra completamente.

No estéis mal, no lloréis, porque a pesar de que no esté ya presente físicamente, siempre, cuando me necesitéis, solo tendréis que buscarme en vuestro corazón. Os quiero mucho, familia, no lo olvidéis nunca.

Atentamente, vuestro Marido, Padre y Abuelo

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón