El valor de la Navidad

 

Celia Morcillo. 2º Bachillerato Centro de Educación Secundaria San Valero de Zaragoza

Cada doce meses, al finalizar el año, celebramos la famosa Navidad. Las familias se reúnen para disfrutar de una cena en compañía de sus seres queridos y pedir un año más que en las próximas Navidades estén todos juntos de nuevo. Cada año celebramos lo mismo; nos volvemos locos con los preparativos: pensar en qué vamos a comer y cenar, cuántos seremos y, lo más importante, cuánto nos va a costar.

Desde hace tiempo se realizan estudios para analizar cuánto se gastará aproximadamente en cada casa en Navidad. En los últimos años este valor ha ascendido, según el último informe cada familia gastará alrededor de 648 euros. Parece una cantidad exorbitante, aunque en realidad si se analiza no es tan disparatado.

Entre regalos y comida, y en muchos casos viajes y ocio, el gasto se acumula y asciende a tales cantidades. Sin embargo, este artículo no es una crítica al consumismo; como personas del primer mundo que viven en sociedades avanzadas, nuestro estilo de vida se basa en eso: comprar y consumir.

Si esto no se hiciera nuestro mundo no funcionaría y, por lo tanto, nuestra economía no se sostendría.

La intención de este artículo no es otra que valorar todo aquello que interviene en estas fiestas tan llamativas y esperadas por muchos. Para los niños la Navidad es como entrar en una casa hecha de chocolate y caramelos. Aunque parte de estas fiestas parecen estar orientadas al sector infantil, ellos no son los únicos que se vuelven locos por las luces de Navidad y los regalos. Tanto jóvenes como adultos también las disfrutan.

Muchos se niegan a admitir que tienen un espíritu navideño, se muestran contrarios a tanto revuelo por unos simples días del año. No digo que haya que volverse loco hasta el punto de que toda tu casa parezca un cartel luminoso, ni que lleves jerséis con un reno tejido, ni que tampoco lleves un gorro de Papá Noel a todas partes, ¡que no somos americanos! Aquí, en España, tenemos nuestras propias tradiciones, como montar el Belén, comer doce uvas en los últimos doce segundos del año y celebrar el día de Reyes.

Lo que de verdad destaca de estas fiestas es el hecho de reunirse con la familia. Por supuesto que hay más días del año para verse y que las familias verdaderamente unidas lo hacen, pero no siempre es posible. La Navidad no es solo una festividad, sino una época, el momento en el que las personas tratan de dejar atrás las diferencias para poder sentarse en la mesa con sus familiares y disfrutar de ellos. Esto puede ser complicado, pero si se ve desde otro punto de vista, merece la pena el esfuerzo. Son estos momentos los que recuerdas cuando han pasado diez o veinte años.

Rememoras los acontecimientos que tuvieron lugar esa noche, como las copas que se derramaron o las anécdotas del abuelo cuando llevaba un par de copas de más y las riñas de la abuela.

Todo eso es lo que importa, porque la Navidad no se trata de lo material, sino del recuerdo y la felicidad.

 

 

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