El viaje del refugiado

 

La exposición "Al calor del olvido", en el CEIP Luis Vives de Zaragoza, rescata la problemática de los movimientos migratorios en la actualidad

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

La cuestión de los refugiados ha saltado al primer plano de los noticiarios y periódicos. Muchos pensamos que esas imágenes dramáticas y desgarradoras nos retrotraen a páginas de la historia que ingenuamente creíamos superadas. La Europa rica se empeña en levantar muros y vallas para impedir esa "supuesta invasión" que amenaza nuestro estado del bienestar, nuestras formas de vida y nuestra cultura, por no citar el miedo asentado a que sea una vía de entrada para el terrorismo islámico.

Y, en realidad, estamos hablando de otra cosa, de hombres, mujeres y niños que huyen de sus países buscando un sitio donde vivir en paz y en libertad. Desde el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, quieren que esta realidad sea conocida en los centros educativos aragoneses y que la acogida que se realiza a estos niños y niñas en las escuelas e institutos de la comunidad sea un ejemplo de respuesta inclusiva e integradora.

Para esa tarea de conocimiento, reflexión y concienciación han organizado la exposición Al calor del olvido, que se inaugura hoy en el CEIP Luis Vives de Zaragoza. La muestra versa sobre un campo de refugiados en Grecia y pone a disposición de los centros una guía didáctica para que sirva de apoyo a la hora de trabajar en clase. Justificar vallas y muros no es tarea de la escuela. Construir futuro con el respeto y la solidaridad, ponernos en la piel del otro y compartir la mirada, el trabajo y el recreo con los compañeros llegados desde lejos sí que es tarea nuestra. Al calor del olvido quiere ser una excusa para trabajar en torno a lo necesario, lo urgente y lo ineludible: que la dignidad de las personas no entiende de razas, colores, lenguas o fronteras.

LA HISTORIA HUMANA DE KATSIKAS

La exposición se centra en el campo de refugiados de Katsikas, ubicado al norte de Grecia. La muestra sitúa a los visitantes en este lugar, frente a una puerta de entrada que está flanqueada por un control del ejército. Tras de ella, se pueden ver un centenar de tiendas de campaña, unas letrinas y duchas portátiles en una explanada pedregosa rodeada de montañas en lo que fue un aeródromo militar en la I Guerra Mundial.

En marzo del 2016 fueron llegando refugiados de todas las edades alojados en unas condiciones de vida lamentables. Una ONG española, denominada Olvidados, llegó a los pocos días y es la que ha intentado poner un poco de alma en este lugar. Llegaron a ser casi 1.200 personas, actualmente hay unos 500.

Ahora parece ser que quiere alojar a todos los refugiados en otros asentamientos y dejar este campamento para "inmigrantes sin papeles".

Otra vuelta de tuerca más.

A lo largo de la exposición también se enseña a los visitantes el campamente, en el que se ven niños y niñas pequeñas medio calzadas saliendo de sus tiendas.

Incluso los domingos, que parece que algo debería cambiar, la rutina sigue siendo la misma. Si acaso para los más pequeños cambia, porque entre semana, un grupo de voluntarios alemanes disfrazados de payasos con zancos y trompetas y toda la parafernalia que os podáis imaginar intenta motivar a los críos para ir a la escuela.

Un voluntario en el campo de Katsikas cuenta su impresión sobre el paso del tiempo: "Mi ro el reloj. Se ha parado, supongo que será la pila. Pero es como una imagen de la vida en el campo, parada, sin futuro, con un presente triste e incierto, continuo. Y aquí la culpa no es de la pila, sino de la indiferencia, del desconocimiento de los dramas cotidianos y permanentes que estas mujeres, hombres, niños y niñas están viviendo.

De la falta de sensibilidad. De las almas paradas como mi reloj. Hay mucha faena aquí. En un almacén cercano se ordena lo que la solidaridad de España está mandando, se organiza el reparto de juguetes; en otro lugar se arregla un tejado de un edificio cercano donde se organizan talleres de cocina, carpintería, informática... hay siempre un momento para jugar, un rato con los pequeños, hacerles reír, hacerles olvidar. Ver qué hacemos con el dinero que llevamos a través de la Plataforma del Alto Gallego y de compañeros de trabajo...".

El tiempo para los refugiados está anclado.

Los refugiados se quedan en tierra de nadie, al calor del olvido. Sin embargo, para nosotros pasa rápido.

 

 

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