Marcar un gol a la violencia

 

Estos episodios se producen en todas las categorías del fútbol y preocupa que, en muchos casos, las trifulcas estén motivadas por la grada

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

El deporte ha sido considerado tradicionalmente un vehículo transmisor de valores como el afán de superación, la integración, el respecto a la persona, la tolerancia, la perseverancia, el trabajo en equipo, la responsabilidad, la cooperación y la honestidad, entre otros. Son valores que hoy en día nadie discute y constituyen argumentos firmes para apoyar la práctica deportiva entre los niños. Sin embargo, en la práctica y especialmente en el mundo del fútbol, de vez en cuando afloran episodios negros que empañan los valores positivos de este deporte. Lo más preocupante es que estos capí- tulos comienzan en la grada, muchas veces liderados por los padres y madres de los propios jugadores, que juegan cada fin de semana un partido con el objetivo de pasarlo bien.

Hace unas semanas salió a la luz un nuevo episodio de violencia entre padres durante un partido de fútbol de categorías inferiores.

Los hechos ocurrieron un domingo como otro cualquiera durante el encuentro que enfrentaba a los equipos infantiles del Alaró y del Collerense en Mallorca, en el que participaban niños de entre 12 y 13 años. El encuentro tuvo que ser suspendido después de iniciarse una pelea con agresiones entre los asistentes al encuentro, muchos de ellos padres de los jugadores de ambos equipos.

La riña fue grabada a través de un teléfono móvil por una espectadora que había acudido a ver el encuentro, en un vídeo que circula ampliamente por las redes sociales en el que se puede ver cómo los seguidores de ambos equipos se enfrentan a patadas y golpes tanto en la zona de la gradas como en el terreno de juego.

El partido tuvo que ser suspendido por el árbitro e incluso la guardia civil tuvo que personarse en el lugar ante el cariz que había tomado el encuentro. ¿La causa de la trifulca? Los hechos se iniciaron a raíz de una jugada polémica, que calentó los ánimos de los seguidores y padres de los jugadores, todo ello delante de los niños, protagonistas del partido. Fueron dos mujeres que estaban grabando el vídeo las que recordaron que «hay niños» en el lugar y recriminan el comportamiento a los implicados en la pelea, calificándola de «vergüenza».

Pero ese no se marcó como un hecho aislado y tan solo una semana después de la batalla campal entre padres en Mallorca, el deporte base volvió a dejar imágenes de violencia. El escenario esta vez fue Andorra y los protagonistas de la trifulca los jugadores de un equipo y el público de la grada, que acabaron a golpes tras una acción polémica, como mostraron las imágenes captadas por el canal Andorra Difusión.

El partido enfrentaba al FC Andorra y el AE Prat, de la Preferente Catalana, y la trifulca comenzó cuando los jugadores locales recriminaron a los rivales que no echaran el balón fuera para que un compañero lesionado fuera atendido. La discusión acabó con una tangana, tras la que un futbolista del Prat vio la roja.

De camino a los vestuarios, el futbolista expulsado se encaró desde la distancia con alguien del público mientras que otro jugador del Prat intentó, sin éxito, que no se fuera hacia él.

Cuando llegó a la grada ya había otro jugador que se estaba peleando con un espectador, lo que formó una trifulca que volvió a mostrar un problema que se repite prácticamente cada fin de semana en partidos de fútbol base.

CASOS EN ARAGÓN De hecho, en Aragón el último caso conocido se dio el pasado mes de diciembre y tuvo como víctima al árbitro del encuentro. Sucedió en un partido que enfrentaba al Miralbueno con el San Juan. La agresión tuvo lugar en la primera parte cuando el colegiado, de 18 años, señaló la segunda pena máxima contra el Miralbueno. En ese momento, el jugador atacó al árbitro propinándole varios puñetazos, incluso cuando permanecía tendido en el suelo tras recibir el primer golpe.

Precisamente es el colectivo de los árbitros el más vulnerable frente a este tipo de agresiones e insultos que proceden de la grada. Entre ellos, las mujeres que ejercen esta profesión suelen estar más expuestas a insultos de corte machista.

Estos capítulos de violencia también se trasladan a las categorías superiores. El último caso se dio el pasado 15 de marzo. Siete aficionados del Sevilla fueron detenidos en Leicester (Inglaterra) antes del partido que el equipo de Sampaoli disputó ante el conjunto inglés de esa ciudad, y en el que fue eliminado de la Champions League, por un enfrentamiento entre equipos de ultras.

Desgraciadamente, estos hechos no constituyen episodios aislados y preocupan tanto a los padres y madres, como a los entrenadores y a los propios jugadores, que ven empañado un deporte que aporta valores muy positivos a sus practicantes. ¿De quién es la responsabilidad? ¿Qué medidas deberían tomarse para frenar esta lacra? ¿Por qué no cesan estos capítulos de violencia en el fútbol? Quizá cada uno tenga que poner un poco de su parte para marcarle el gol decisivo a la violencia en el fútbol.

 

 

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