Los hijos de imigrantes, en un cruce de caminos

 

Samia Boutebakh, CAREI

A lo largo de mi experiencia profesional como mediadora intercultural, gracias a la cual he estado en contacto permanente con las familias árabes, y también por propia experiencia como madre, los padres intentamos inculcar a nuestros hijos los valores culturales que hemos aprendido, con los que muchas veces nos definimos y pensamos que son los correctos.

Desde que son pequeños, intentamos encaminar los comportamientos de nuestros hijos mediante la imposición de unas pautas, un modo de vida, normas propias que van con nuestras creencias socioculturales como pueden ser: priorizar el aprendizaje de la lengua materna, la práctica de la religión y otras costumbres y tradiciones que nos son propias o sentimos como propias. Los niños se someten a esto por respeto y por influencia nuestra.

RECEPTIVOS A LA CULTURA

A una edad más avanzada, hay una toma de conciencia por parte de nuestros hijos. Poco a poco se vuelven más conscientes y muy receptivos a la cultura del país acogedor, y empiezan a moverse gradualmente hacia la nueva cultura, especialmente con un análisis y una reflexión propia, y descubren que esta cultura es perfectamente compatible con una parte de su cultura, sus ambiciones, sus deseos y su futuro.

Se integran, entonces, de forma espontánea, aunque algunas veces con dificultades, en esta sociedad a la que consideran más adecuada y más tolerante.

El contacto permanente con la sociedad de acogida hace que los hijos empiecen a alejarse progresivamente de ciertos valores sociales culturales que los padres les han inculcado y que pueden perder con el tiempo.

NUEVA CONDUCTA PARA LA INTEGRACIÓN

Este contacto permanente les supone la adopción de una nueva conducta social para poder integrarse; a veces esta conducta puede que sea totalmente diferente a aquella que sus padres le hayan ido introduciendo.

Los hijos pueden llegar a criticar la cultura de los padres, cuestionar matices que no han llegado a asimilar e incluso pueden percibir la cultura materna como un elemento incompatible con sus valores personales.

Muchas familias árabes inmigrantes, siguiendo la tradición, imponen valores socioculturales del país de origen a sus hijos, sin tener en cuenta que conforme éstos crecen es imposible que asimilen todos estos valores debido al hecho circunstancial de estar expuestos a una atmosfera sociocultural diferente a la del país de origen y por ende a la de los padres.

Es inevitable que los hijos pierdan, en menor o mayor grado, algunos de estos valores a la vez que incorporan otros nuevos.

 

 

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