'Supermodelo 2007', cásting para ser 'top'

 

José Antonio Gabelas / Marta Lazo

Disciclina e instrucción es lo que adquieren las concursantes del reality de Cuatro que ya se encuentra en su segunda edición. Al estilo de la archiconocida serie Fama, las chicas se enfrentan a diario a duras pruebas y los entrenadores sin escrúpulos las someten a un pressing que les hace sudar, temblar y hasta llorar.

Más que una academia al uso, el cuartel donde se reclutan las promesas de supermodelo ha sido bautizado como Centro de Alto Rendimiento. Un lugar en el que se aplican tradicionales técnicas conductistas para que las chicas respondan a los estímulos que les proponen. El régimen cuartelario que presenta Supermodelo 2007 permite que los profesores se conviertan en verdaderos sargentos que a golpe de orden-grito y humillaciones, coloquen a las chicas en el más difícil todavía en cada prueba.

En este concurso todo se magnifica, si no eres súper y te dejas cortar el pelo, posar cuasidesnuda para alumnos de Bellas Artes o subir a un columpio elevado a prueba de vértigo, dejas de ser candidata al premio. Se apuesta por la competitividad en sentido puro, se fomenta el pisar, trepar, o dar codazos. No importa cómo llegar, lo importante es desbancar a las 19 competidoras.

Valores como la prudencia, la inteligencia o la belleza interior no existen. El menú de instrucción comienza por un aperitivo de perder el miedo a las alturas en todos los sentidos, a cualquier precio. Tener un cuerpo 10 no es suficiente, hace falta pisar fuerte en la pasarela, poner cara de víbora y no tener prejuicios.

Si te quedas en el camino, ¡ah!, se siente... Eres mediocre, una fracasada. Y seguramente te quedes con el síndrome de "no valer para nada" durante una temporadita. Frústrate de por vida cuando llegues a tu casa y pienses que todo ha terminado. Sólo has sido princesa por unos días y ya... Todo se acabó.

¿Y el zapato rojo? El zapato rojo que presenta el programa es una sugerente imagen, pero no es el zapato de Cenicienta, sino el que viste un cuerpo sin dimensión, el sueño de un imposible.

Si se frustran los fans de cada una de ellas, cuanto menos la protagonista que ha vivido en carne propia la vertiginosa caída. Hay que asumir que la televisión promociona la venta de humo, de éxito fácil. Nadie nos prepara para aguantar las frustraciones y para asumir la realidad tal cual es, sin efectos shock.

El mejor aprendizaje que nos puede quedar después de ver este tipo de espacios es que nadie ha dicho que el camino fuera a ser fácil, pero ¿merece la pena sufrir a cualquier precio?... Esto es televisión, amigos.

 

 

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