La montaña, una excusa para el reencuentro

 

Unos cuantos profesores pensaron el año pasado en cómo ayudar a los alumnos a emplear su ocio. El resultado: el Grupo de Montaña San Antonio de Padua. Un éxito

Melania P. 3° ESO San Antonio de Padua

El 21 de octubre, los alumnos de 3° y 4° de ESO y algunos exalumnos, nos unimos a un nuevo proyecto que habían organizado unos cuantos profesores del centro. Consistía en adentrarnos en el terreno de la montaña. El grupo era opcional, así que la gente que fuimos lo hicimos porque teníamos ganas de salir de los aires de la ciudad y respirar los saludables del Pirineo. También para vivir nuevas experiencias con el grupo de compañeros y amigos.

A las ocho de la mañana ya teníamos que estar delante de la gran torre de San Antonio esperando al autobús. Todos teníamos ganas de llegar, pero también se nos cerraban los ojos de vez en cuando. El trayecto en carretera se nos hizo corto, veíamos paisajes nuevos y preguntábamos dudas a los profesores. Al final, llegamos a nuestro destino: la estación invernal de Astún. Bajamos para tomar contacto con el paisaje con el que nos íbamos a deleitar por unas horas. Cogimos las mochilas, aunque algunos no con demasiada suerte... A una compañera se le había abierto la cantimplora durante el trayecto y todas las de su alrededor estaban chipiadas. Menos mal que nos lo tomamos con buen humor. Subimos unas escaleras y nos sentamos todos juntos mientras sacábamos nuestros bocadillos, y empezábamos a engullirlos como si lleváramos una semana sin comer. A nuestro lado se estaban secando los equipajes mojados. Recogimos la basura y nos hicimos las fotos de grupo, antes de emprender la hazaña.

Partimos con rumbo al pico de los Monjes. En el transcurso, paramos en un ibón que había de camino. Empezamos con muchas ganas, pero mientras subíamos, las cuestas eran más duras y las fuerzas flojeaban. Comenzamos todos juntos, como una piña, pero mientras se aceleraba el curso de la subida, la gente iba yendo a su paso. En el ibón pudimos parar un poco para reponer fuerzas.

Aquello era maravilloso y nos quedamos sorprendidos: una obra espectacular de la Naturaleza, el agua resplandecía y la hierba verde recubría toda la orilla, rodeados de majestuosas montañas que pretendíamos escalar.

Después del breve descanso, reemprendimos el rumbo. Seguimos subiendo hasta llegar a la frontera entre España y Francia. Al cruzarla, los móviles se volvieron locos recibiendo mensajes de bienvenida a la operadora. Paramos para deleitarnos con el paisaje y continuamos la marcha. Quedaba poco.

PICO A LA VISTA

Unos cuantos metros más adelante avistamos el pico, pero las fuerzas flaqueaban en algunos y nos dieron la oportunidad de quedarnos en un collado mientras los que querían subían para hacer cima. Algunos compañeros y yo nos quedamos viendo cómo avanzaban los demás. Se les veía ascender de uno en uno, con las ropas tan llamativas que llevaban... Pequeños bultos de colores iban hacia la cumbre. Al llegar, se escucharon los aplausos de satisfacción en toda la montaña, gracias a su eco. Después emprendimos la bajada, que se hizo mucho más amena, parando de nuevo en el ibón para comer y descansar. Nos acomodamos unos en otros para dormitar y gracias a la paz y tranquilidad que se respiraba fue fácil relajarse.

Seguimos bajando, cada uno a su paso, pero al haber cuestas en el trayecto, un poco empinadas, hubo unos cuantos resbalones, sin gravedad, por lo que nos hicieron reír a unos cuantos. Llegamos al autobús algo agotados, con rumbo a Zaragoza, pero con las fuerzas suficientes para ir todo el trayecto escuchando la carrera de Alonso por radio. Fue una experiencia que todos volveremos a repetir y que todo el mundo, tenga la edad que tenga, tendría que vivir una vez en la vida.

 

 

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