El albañil de las monedas de oro

 

Petronela Dumea (La Salle Montemolín)

En una ciudad de provincias de hace varios siglos, habitaba el albañil más religioso y vago de toda España. No trabajaba ni domingos, ni festivos ni el San Sábado. Por ello, este albañil sufría grandes penurias económicas.

Un buen día apareció un sacerdote que conmovido por su religiosidad decidió darle un curioso trabajo. Le vendó los ojos y se lo llevó a su casa una buena noche, lo llevó a un patio árabe y le dijo que hiciese un agujero bajo la fuente y lo enladrillase. Cuando estaba cerca de acabarlo llegó el sacerdote y le dio una moneda de oro, le volvió a vendar los ojos y lo llevó a casa. Le dijo que iría a buscarlo al día siguiente.

El albañil aceptó ya que era un buen sueldo. A la noche siguiente, volvió a llevarlo vendado y terminó el trabajo. Antes de irse le dijo que allí metería muertos, el albañil se asustó pero el sacerdote le dijo que le ayudase, pero no se trataba de cadáveres sino de tinajas llenas de monedas de oro, le dio dos monedas al albañil, le vendó los ojos y se lo llevó a un sitio apartado y le pidió que no se desvendase hasta las primeras campanadas de la mañana. El buen albañil así lo hizo y se fue contento a casa con sus dos monedas de oro.

Durante quince días vivió bien pero volvió la penuria a su casa. Años después llegó un rico hombre a la ciudad y le propuso arreglar una casa. Había un problema, le comentó que antes vivía alquilado allí un cura, pero que le debía varios años y había muerto. Su espíritu seguía allí y todo el que había habitado la casa después decía oír a alguien contando monedas (el fantasma del sacerdote).

El dueño de la casa le enseñó todos los rincones al albañil y cuál fue su sorpresa al contemplar el patio árabe dónde había trabajado durante dos noches. Le pidió al dueño si podía habitar la casa y la arreglaría gratis mientras no encontrase otro inquilino. El albañil humilde se fue enriqueciendo poco a poco ante los atónitos ojos de los vecinos. No le contó el secreto a nadie salvo a su hijo al morir.

 

 

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