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La onenegés hacen una llamada a la solidaridad de los ciudadanos

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Era difícil saber su edad, pero llegó de lejos y estuvo cinco días durmiendo en un árbol a la espera de que llegara un equipo español de médicos que iba a operar a pacientes con problemas de visión. Junto a él, había personas que habían llegado andando desde 30 o 40 kilómetros, solos con su lazarillo y agarrados a un palo, totalmente ciegos, hasta la puerta del hospital donde se esperaba a los médicos.

Y, finalmente, llegó el equipo, formado por dos oftalmólogos zaragozanos, los doctores Jesús Castillo y Miguel Ángel Broto, y el anestesista Ignacio Ayala. Los tres médicos pertenecen a la oenegé Ilumináfrica, formada por más de 50 oftalmólogos, la mayoría de Zaragoza, que han emprendido un programa de cinco años para ir a colaborar al Chad. Como ellos, millones de voluntarios en todo el mundo y miles de cooperantes trabajan día a día para ayudar a aquellos que viven en las peores condiciones. "La labor de los voluntarios es impresionante", opina el doctor Broto, después de haber conocido de cerca el trabajo que desempeñan a diario estas personas y el riesgo que corren. "Donde fuimos nosotros, por ejemplo, había una chica de Murcia que llevaba dos años allí gratis. Había pasado tres veces la malaria, un par de veces infecciones de amebas, y cantidad de cosas más. Vivir allí es muy duro, lo que hacen no se paga con dinero", añade. Quizá por eso no cobran nada. Muchas de las personas que prestan su tiempo, su salud y su dedicación completa durante días, meses e incluso años, no reciben a cambio más que las infecciones que contraen, el riesgo de jugarse la vida y, eso sí, el cariño de todos aquellos a quienes ayudan. Y es que todas las personas que vuelven del Tercer Mundo dicen que lo que más les impresiona es la sonrisa de los niños. Viven sin nada, en medio de la miseria más absoluta, pero agradecidos por cada pequeño gesto y brindando una sonrisa como recompensa a cualquier mano que se les tiende. "En Chad, no he visto llorar a ningún niño, allí les inculcan que tiene que ser fuertes, valientes, que tienen que ser resistentes al dolor. En las operaciones, les dices que se estén quietos y están inmóviles", explica otro de los médicos de la expedición zaragozana, el doctor Jesús Castillo.

CASOS FRUSTRANTES Precisamente, los niños han protagonizado las intervenciones más frustrantes del equipo médico: "Después de todo, muchos no han quedado bien porque eran glaucomas congénitos, ojos ya ciegos que no tenían ninguna solución", explica el doctor Broto. En cambio, puntualiza, el doctor Ayala, "el caso de los mayores ha sido espectacular". Estos médicos zaragozanos participaron en la segunda expedición de Ilumináfrica, que tuvo lugar del 27 de noviembre al 10 de diciembre. Se puede decir que acaban de volver de África. Su llegada estuvo muy próxima al escándalo protagonizado por la oenegé El Arca de Zoé, con el presunto intento de secuestro de 103 menores africanos. "Cuando llegamos, estaban un poco recelosos de las oenegés, aparte de que a los blancos no nos miran muy bien", indica el doctor Ayala. Pero esto se notaba más en la capital. "Nosotros estuvimos en Donomanga, a unos 5.000 kilómetros", comenta. Allí la situación es de "extrema pobreza, viven en cabañas hechas con ladrillos de adobe, como tejado, un poco de paja que recogen del campo y, para dormir, esterilla en el suelo. El agua la tienen que ir a buscar a unos pozos a cinco o diez kilómetros de la zona donde están", dice el doctor Broto.

De tanto en tanto, el escándalo de alguna oenegé hace que el temor atenace los bolsillos de los ciudadanos del Primer Mundo. Pero quienes ven la miseria de cerca, no tienen dudas: "Nuestra sociedad tendría que invertir más en esos países para poder ayudarles económicamente en lugar de gastar dinero en guerras o en viajes a la luna", dice el doctor Broto. Y añade: "Me gustaría volver el año que viene. La satisfacción es inmensa".

Para reflexionar en el aula

A finales de octubre, saltaba la noticia: la oenegé francesa El Arca de Zoé, presuntamente había intentado secuestrar a 103 menores africanos. Esto vino a sumarse a la investigación en abril y mayo de oenegés como Intervida o al encarcelamiento del presidente de Anesvad por apropiación indebida. Estos hechos han puesto en entredicho la transparencia de la oenegés.

Sin embargo, hay que saber que existe una Carta de responsabilidades --unos estándares que persiguen más transparencia y eficacia--, que ya suscriben más de diez oenegés de ámbito internacional, como Save the Children, Greenpeace, Oxfam y Amnistía Internacional, entre otras.

No es una ley, es un código que las oenegés crearon hace más de un año voluntariamente, para ir más allá en la transparencia en la utilización de los fondos que la sociedad les confía.

No obstante, en un informe reciente del CIS se afirma que los españoles valoran a las oenegés como una de las instituciones más reconocidas y fiables. La Coordinadora de Oenegés de Desarrollo reivindica "la profesionalidad y la ética" de la mayoría de las oenegés frente a la actuación excepcional de unas pocas.

Enlaces:
www.fundacionvicenteferrer.org
www.ongconcalidad.org
www.caritas.es
www.intermonoxfam.org
www.amnistia-internacional.es
www.savethechildren.es

 

 

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