El individuo y el lenguaje

 

Nuria Sebastián (La Salle Montemolín)

Hay tantas formas de comunicarse que al enumerarlas no sabría por dónde empezar. Sé que cada persona tiene sus propios signos, cada ciudad tiene tantas palabras especiales... Cada país tiene su propia lengua, aunque algunos han entablado lazos de comunicación y la comparten, y estoy tan segura de que lejos de aquí, en otra galaxia perdida en el universo hay un planeta, con seres que tienen sus propios signos, ciudades con infinidad de palabras especiales...

Recuerdo aquella dulce mañana en la que vi con mis propios ojos, por primera vez, un niño, recuerdo lo pequeñito que era y que en sus ojos había un brillo especial que invitaba a cogerlo en brazos. Recuerdo a aquel niñito de ojos claros que expresaba sus sentimientos con todo tipo de gestos.

Sabíamos que con un abrazo expresaba amor y que con su llanto nos indicaba que algo malo ocurría, tenía su propia forma de comunicarse. Fui creciendo y, a medida que se desarrollaba, amplió su lenguaje de comunicación convirtiéndolos en su lengua, hasta hoy. Este es un ejemplo de la evolución que todas las personas llevamos a cabo en la forma de comunicarnos. No hay una persona igual que otra, pero a todos nos une un lenguaje con el que poder comunicarnos.

Según los grupos sociales a los que pertenece un individuo, el lenguaje que utiliza es diferente. No es igual el lenguaje que utilizan los médicos que el que utiliza un pastor de las altas montañas o un joven de hoy en día. Creo que llegará un día, dentro de mucho tiempo, en el que los chicos de mi edad cuando vayan a la escuela tendrán que aprender un idioma más. ¿Podría ser el lenguaje que consiguiera la unión del mundo mediante el entendimiento?

 

 

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