Hijos de la Guerra

 

El 30 de enero se celebra el Día Escolar de la Paz y No Violencia con más de 20 conflictos armados en activo

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Uganda es el peor lugar del mundo para ser menor. Así lo afirmaba a principios del 2007 el Representante Especial del Secretario General de la ONU para los menores en los conflictos armados entre 1997 y 2005, O. Otunnu, en su visita al país africano. Allí, 935.000 de los 1,7 millones de personas desplazadas del país son menores. Los niños y niñas que se ven atrapados en un conflicto armado son las víctimas más indefensas e inocentes, pero pagan las consecuencias de la guerra igual o peor que los demás.

Hoy se celebra el Día Escolar de la Paz y la No Violencia con más de 20 conflictos armados en activo en todo el mundo. En ellos, millones de niños están viendo vulnerados sus derechos más básicos. No tienen comida. Sus colegios han desaparecido. Y sus deberes diarios se limitan a poder sobrevivir hasta el día siguiente. Son los hijos de la guerra. Niños de Afganistán, Argelia, Burundi, Chad, Chechenia, Côte d'Ivoire, Colombia, Filipinas, Líbano, India (Jammu y Cachemira), Iraq, Israel-Palestina, Nepal, Nigeria (Delta del Níger), República Centroafricana, República Democrática del Congo (Kivus e Ituri), Somalia, Sri Lanka, Sudán (Darfur), Tailandia o Uganda. Además, se estima que otras 33 situaciones calificadas de muy tensas pueden derivar en guerra en cualquier momento.

Y en las guerras, los más pequeños se ven obligados a huir de sus hogares por la fuerza, a ser testigos de atrocidades o incluso a cometer ellos mismos crímenes de guerra. Según datos de Unicef, más de un 45% de las muertes producidas por los conflictos desde 1990 eran niños y niñas. Esta oenegé explica que cientos de miles de menores de edad están atrapados en conflictos armados como soldados, refugiados o desplazados, sufren violencia sexual, malos tratos y explotación, o son víctimas de los restos de explosivos de guerra y de las minas antipersona.

"NINA HA MUERTO" "Hoy ha caído una bomba en el parque, delante de mi casa, el parque donde iba a jugar con mis amigas. Hubo muchos heridos. (...) Selma ha perdido un riñón, pero no sé cómo se encuentra porque todavía está en el hospital. Y Nina ha muerto. Un trozo de metralla se le incrustó en el cerebro y murió. Era una niña tan dulce, tan encantadora. Fuimos juntas a la guardería y jugábamos juntas en el parque. ¿Es posible que nunca más vuelva a ver a Nina?". Este es un extracto del diario de Zlata Filipovic, una niña nacida en Sarajevo en 1980 y que con sólo 12 años se vio atrapada en la guerra de los Balcanes de los años 90. Hoy, a sus 28 años, ha publicado un libro --Voces robadas-- con una selección de diarios de guerra escritos por niños y adolescentes. La publicación de su diario cuando era una niña la sacó de la guerra de Yugoslavia y la llevó a Francia. "Es de locos, ¡pudimos escapar gracias a un diario! Yo solo di mi cuaderno a una profesora que nos lo pidió porque Unicef estaba buscando diarios de los niños en guerra. ¿Por qué yo y no otra niña que conocíamos, por ejemplo, que estaba herida y además perdió a sus padres?", se preguntaba Zlata. Ahora, su nueva publicación Voces robadas ha sido traducida a más de 30 idiomas. Sin embargo, "cambiaría mis estudios en Oxford y mi reconocimiento internacional por haber tenido una infancia normal, con amigas y deberes en el colegio", asegura.

Otros niños no han tenido tanta suerte y no han vivido para contarlo. A Zlata la comparaban con Anna Frank, algo que a ella no le gustaba. "Es por superstición: cuando me decían que me parecía a Ana Frank tenía miedo a sufrir el mismo destino que ella", confiesa. Ana Frank fue una niña judía alemana, que desde su escondrijo, donde se ocultaba de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, dejó constancia en su diario del sufrimiento del asedio nazi. Al final, su familia fue capturada y llevada a campos de concentración alemanes, donde murieron todos salvo su padre, Otto, quien años después publicó su famoso diario, conocido hoy como El diario de Ana Frank.

Cuando Zlata, gracias a su diario, abandonó su país en guerra, se sintió culpable, así que decidió hacer algo útil: "hablar de la guerra para dar voz a los niños que no pudieron salir". Con este nuevo libro, se suman más voces, 14 niños con el mismo miedo, hambre, frío, con la muerte cara a cara. "El mundo me parece oscuro y desolado, y las personas, monstruos que quieren devorar a sus presas y salir corriendo", escribió en Irak, en el 2003, Hoda Thamir (18 años). Yitskhok Rudashevski (16 años) decía en Lituania, en 1943: "Me han arrebatado todo lo que quiero y aprecio". "Nuestros niños no conocen la felicidad. Solo conocen la muerte, la guerra, los tanques, el miedo y el sufrimiento", escribía Mary Masrieh Hazboun (17 años) en abril de 2002. Ahora, Zlata quiere que estos testimonios lleguen a los institutos de Secundaria como apoyo a los libros de textos para que se sepa qué es la guerra cuando se hable de ella: "Es necesario que se sepa lo que ha pasado, lo que sufren los niños, para que no vuelva a ocurrir nunca más".

Testimonios en primera persona para conocer el horror de la guerra

La autora de 'Voces robadas' dice que la guerra siempre es algo que sucede en otro sitio, que les pasa a otros, hasta que te toca a ti. Un ejercicio práctico que se puede hacer en clase es analizar qué cambiaría si de repente España entrara en guerra. ¿Qué pasaría con la luz, el agua, la comida...? ¿Quién nos apoyaría? ¿Quiénes serían los más débiles?

¿No crees que en el colegio se deberían estudiar testimonios del horror de la guerra para que los jóvenes aprendan lo terrible que puede llegar a ser y no olviden nunca en su vida de adultos lo que supone vivir en un conflicto armado? Es lo que propone la autora de 'Voces Robadas', de editorial Ariel.

Más información en la red:
es.wikipedia.org/wiki/ZlataFilipovic
www.elconfidencial.com

 

 

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