El reto de ser mujer

 

Compaginar la vida laboral y familiar sigue siendo el objetivo de miles de mujeres que tienen que luchar en un mundo creado a la medida del hombre

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Son cocineras, limpiadoras, expertas en economía doméstica, enfermeras, mediadoras de conflictos, educadoras, profesoras, niñeras, psicólogas, masajistas, monitoras de tiempo libre y mil cosas más, como amas de casa. Además, de forma remunerada, trabajan como empleadas de banca, ejecutivas, camareras, médicas, abogadas, dependientas, peluqueras o juezas. Son, en definitiva, mujeres, las mujeres normales que pueblan las calles y ciudades de España y de Europa. A todas ellas y a las que viven en otras circunstancias estuvo dedicado el pasado sábado, 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer.

Esta cita se remonta a hace más de 80 años para conmemorar los esfuerzos que se han hecho en pro de la igualdad y la justicia para la mujer, pero también para recordar lo que aún falta por conseguir. La propuesta del 8 de marzo como fecha oficial la hizo en 1910 la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague (Dinamarca). Con ello se quiso honrar la memoria de un grupo de mujeres que, en 1857, ocuparon la fábrica textil donde trabajaban en la ciudad de Nueva York, para exigir igualdad de salarios y una jornada de 10 horas de trabajo. La respuesta de los dueños a aquella reclamación fue provocar un incendio en la planta ocupada, en el cual perecieron las 129 obreras. Tiempo después, la Organización de las Naciones Unidas, a través de su resolución 32/142, convocó a todos los países a que proclamaran, de acuerdo con sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día del año como Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Hoy que la incorporación de la mujer al mundo laboral ya es una realidad consolidada en el mundo occidental, se trabaja en pro de la igualdad total porque los estudios y las estadísticas revelan que la mujer sigue estando marginada por su condición sexual en cuanto a salario y puesto de trabajo.

Un hombre cobra más por desempeñar el mismo puesto de trabajo que una mujer. La diferencia salarial llega a ser de un 10% a un 30% a favor de los hombres, incluso en países muy avanzados en cuestiones de igualdad. Todavía se sigue considerando, aunque cada vez menos, que el soporte económico de la familia es el hombre, mientras que la mujer "contribuye" al mantenimiento.

Además, una de las grandes reivindicaciones actuales es acabar con el llamado techo de cristal, una barrera invisible que impide a las mujeres acceder a los puestos de alta dirección. Hay muchas mujeres en puestos medios de mando, pero pocas en las altas esferas, en los despachos en los que verdaderamente se toman las decisiones. En España, todavía más del 95% de los puestos número uno están copados por hombres. Y si no ¿cuántas mujeres presidentas del Gobierno ha habido en España?, ¿cuántas directoras de periódico se conocen?, ¿cuántas consejeras delegadas en las empresas que conforman el Ibex 35?, ¿cuántas presidentas de banco? Y así, las preguntas se podrían prolongar en un largo etcétera.

"El número de mujeres que participan en los mercados laborales del mundo es el más alto en la historia, pero estas trabajadoras están más expuestas que los hombres a tener empleos de baja productividad, mal pagados y vulnerables, sin protección social ni derechos", destaca un informe difundido por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT). En él se explica que el número de mujeres con empleo aumentó en 200 millones durante la última década hasta alcanzar los 1.200 millones, en 2007, frente a 1.800 millones de hombres. Pero en el mismo lapso de tiempo también aumentó el número de mujeres desempleadas, de 70,2 a 81,6 millones. En este sentido, Aragón ofrece datos positivos, ya que es la segunda comunidad española con la tasa de paro femenino más baja (un 6,5%).

Una de las causas de que las mujeres encuentren más dificultades para integrarse en el mundo laboral es que han de asumir unas pautas establecidas por los hombres. Los criterios para la promoción profesional se basan en factores que los favorecen a ellos: libre disponibilidad para viajar, flexibilidad de horario, capacidad de generar respeto..., y que cuadran muy mal con la faceta de madre y esposa de una mujer. Por eso, desde las instituciones y las asociaciones en defensa de la mujer se aboga por medidas que permitan compatibilizar mejor la vida familiar y laboral, para que así la mujer pueda jugar en las mismas condiciones que un hombre.

A debate: Medidas para compatibilizar la vida familiar y laboral

La discriminación salarial tiene su origen en la asignación de roles tradicionales a hombres y mujeres. Mientras que ellas han venido siendo madres y cuidadoras, ellos han sido el sostén económico de la familia.
Por otra parte, si hombre y mujeres se integran por igual en el mercado laboral, ¿quién va a cuidar de los hijos? ¿Qué medidas podrían tomarse para compatibilizar la vida familiar y laboral en hombres y mujeres?
Las principales diferencias entre hombres y mujeres residen en que ellas tienen menos antigüedad en la empresa y trabajan en el sector servicios desempeñando ocupaciones menos cualificadas que ellos a pesar de estar más formadas.

 

 

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