¡No me dejen aquí!

 

Marta Sofía Ruiz Mora (La Salle Montemolín)

Agua, sol, palmeras, cocos, un cuaderno, un boli prácticamente sin tinta, un boleto de lotería premiado y caducado, un zapato izquierdo, un calcetín rosa, un loro de unos 50 años y yo. Y Sol. ¿He nombrado al sol? Eso es absolutamente todo lo que hay en esa maldita isla dejada de la mano de Dios, en algún sitio, de algún mar o en algún océano, de algún continente, del planeta Tierra. Eso sí que lo sé.

Maldito avión, maldito piloto y maldito tipo del combustible. La única, la única superviviente de todo el vuelo. Aunque ¿quién me asegura que no hay ningún otro pasajero en otra isla de este mismo maldito paraje? Yo era feliz, con mi MP3, mis canciones de Green Day y mi bolsa de Cheetos..., cuando ese asqueroso avión empieza a balancearse, e, instantes después, en el agua, dejándome llevar por la corriente. Varias horas más tarde, esta playa, en la que llevo dos malditos semanas...

Cuando desperté, encontré junto a mi zapato izquierdo hortera, un calcetín rosa, este cuaderno y el boli que no cesa de cortarse, mis únicas vías de desahogo y... Nada más. ¡Ah! Y un maldito loro que no hace más que repetir frases inconexas: ¡Dios salve a sus satánicas majestades!... Satisfacción- Sympathy for the devil- It's only Rock and Roll- Debe de ser fan de algún grupo.

Dos semanas a base de cocos. Verdaderamente voy a volverme loca... Quiero mi chocolate, mis donuts, mis pizzas, las fresas con nata, esas tostadas que siempre se me caen por el lado de la mantequilla... Y un sofá y una tele y un móvil y una radio y a mis amigos. Y ropa, mucha ropa. Y desodorante y colonia y un secador y un lavavajillas y... Tengo que salir de aquí. Voy a volverme aún más loca de lo que estoy ¡Satisfacción! Nunca calla, tengo ganas de meterle el calcetín rosa en la boca, pero es la única voz aparte de la mía que voy a escuchar el resto de mi vida- Creo. Está bien, lo admito... Aún no he asumido que este es mi huevo hogar. Llevo dos semanas en esa maldita playa rogando que un barco, barquito, patera, cayuco aparezca. Pero no. A este maldito lugar dejado de la mano de Dios no viene nadie. Voy a caminar un rato. Malditos mosquitos. ¿Y si he estado en el lado de la playa equivocado? Vamos al otro... Un paso, otro y otro. Aún puedo mover las piernas... Un ruido de música llega hasta mí.

Al final, va a resultar que no estoy sola. Deliro. Debería llevar papel de aluminio, dicen que las tribus aborígenes lo consideran un tesoro y que... ¿A alguien le interesa? Siguiendo la estela de notas llego hasta una zona que no había visitado. ¡No hay palmeras! Hay árboles frondosos con sombra. Un riachuelo de agua fría recorre una pequeña llanura, en cuyo centro se encuentra un grupo de aborígenes con la piel rosa. Pero no del rosa de los bebes... Es un rosa chicle, ciertamente extraño. A sus pies un montón de joyas y vestidos, todo lo que una chica pija y superficial podría desear.
¿De dónde lo habrán sacado?

Oigo de fondo el sonido de un barco, alguien viene. Riqueza y color rosa, reflexión y paz, en una sociedad alejada de la vida diaria, de la codicia y la malicia de la humanidad o la sociedad del consumo, vacía y posesiva, que concede más importancia a la música, el dinero o los juegos que a la vida en sí-¡Esperen ¡No se vayan! ¡Quiero mi tele! ¡Mi MP3! ¡Mi chocolate! ¡Quiero un zapato derecho! ¡Un boli que escriba! ¡Y un loro cuerdo! ¡No me dejen aquí!

 

 

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