Un autobús

 

Ana Simón Maluenda, IES Grande Covián

Resulta increíble lo que uno puede aprender en un autobús. Entras por esas puertas, pagas, y es como un mundo nuevo. En un autobús urbano te puedes encontrar con muchísima gente diferente: hay algunos que dan un poco la nota, y otros que permanecen ajenos a los demás y que se dedican a mirar por la ventana; otros muchos, simplemente, escuchan música o la radio, y los que quedan o están hablando con alguien porque no van solos o hacen como yo, y sólo piensan.

Pero si hay algo que hacer es fijarse en las personas. No es que yo tenga una obsesión con su físico, su manera de vestir o que me interesen sus conversaciones, si no que hay veces en las que te puedes encontrar en el autobús a las mismas personas de todos los días y llegar a interesare por ellas.

El primer día que empecé a utilizar la línea 24 regularmente iba con mi hermana y el autobús estaba lleno. Volvíamos de la academia a casa, un trayecto no menos de 45 minutos. Había un niño, de unos siete años, que le estaba contando a su madre que un chico de su clase le había enseñado a contar en rumano. Y luego apareció en la conversación un hombre de unos 25 años, con barba y el pelo que le llegaba casi hasta los hombros, ¡y que era rumano! Le estaba corrigiendo al niño en la pronunciación de los números. Y es ahora cuando voy a centrarme en este hombre. El mismo día que le 'conocí', me fijé en la parada en que se bajaba, no por nada especial. A la semana siguiente, que ya no iba con mi hermana, aquel hombre se sentó enfrente de mí y cada vez veía cómo se le entrecerraban los ojos, aunque luego volvía a despertarse. Pero cada vez lo veía más y más dormido y su parada estaba cerca.

No se despertaba, así que decidí actuar. Hice como que tosía, él levantó la cabeza, vio donde estaba y a poco se estampa contra la puerta, pero logró bajarse del autobús a tiempo. Se podría decir que le ayudé, aunque de una manera un tanto extraña. Me encanta poder continuar hablando sobre estas personas, personas que no conozco y que pueden sentirse mal o bien si se enteran que hablo de ellas.

O a lo mejor ellas pueden estar hablando de mí. Pero lo que está claro es que te las encuentras en el autobús y comparten asiento contigo, y eso en la calle nunca ocurriría. Puedes encontrarte con un amigo, ir acompañado o solo; puedes mirar a las personas que hay a tu alrededor o mirar por la ventana; puedes coger este autobús o llegar tarde y coger el siguiente; puedes esperar cinco minutos o un cuarto de hora hasta que llegue; tu destino puede estar lejos o cerca; puedes conseguir sentarte o ir de pie... O tan solo es una tarde, en un autobús.

 

 

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