El factor Pearl Harbour

 

El ataque japonés sobre la base norteamericana en 1941 supuso la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial y culminó su hegemonía

José Lacruz (Periódico del Estudiante)

Eran las 07:55 de la mañana del 7 de diciembre de 1941. En menos de una hora y media, la historia de la II Guerra Mundial iba a dar un giro total. Ese fue el tiempo que tardaron varios barcos y 400 aviones japoneses en destrozar la base portuaria y militar estadounidense de Pearl Harbor, en la isla de Oahu, en Hawai. El ataque nipón destrozó o dañó casi 18 grandes barcos y 188 aeronaves de la flota del Pacífico de EE.UU. y dejó 2.400 militares y 66 civiles muertos, y unos 1.180 heridos. Se trataba del mayor ataque recibido por los norteamericanos en su propio suelo. Un título que perduró hasta los atentados del 11-S de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York y el edifico del Pentágono.

En 1941, Europa estaba sumergida en plena contienda, pero en Asia y el Pacífico se vivían las tensiones entre dos imperios: EE.UU. y Japón. El sueño imperialista japonés pasaba por su guerra contra China, que le suponía un gran desgaste. Para atacar mejor a China tenía que entrar por el sur, por Indochina, que estaba bajo control francés. De este modo, el Gobierno nipón apoyó a Hitler en su guerra contra Francia. Era una estrategia más para controlar el Océano Pacífico. Pero EE.UU. no veía con buenos ojos esos movimientos, por lo que en 1941, el presidente norteamericano, Franklin Roosevelt, ya había bloqueado en la medida de lo posible los suministros a Japón.

El imperio nipón optó entonces por el enfrentamiento directo con el país estadounidense, que, oficialmente, se había declarado neutral en la II Guerra Mundial, aunque apoyaba al bando Aliado (Reino Unido-Francia-Rusia). El objetivo sería la mayor base de EE.UU. en el Pacífico: Pearl Harbor. El ataque provocó la entrada directa de los estadounidenses en el bando Aliado, posición que decantó finalmente la contienda mundial que se vivía en Europa. Por aquel entonces, EE.UU. no era ni la décima potencia militar de la tierra, pero en 1945, con el final de los enfrentamientos --los países europeos destrozados y Japón rendido tras los ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki--, se levantaba como la primera potencia mundial.

¡TORA, TORA, TORA! El domingo 7 de diciembre de 1941, el almirante Husband Kimmel, jefe de la flota del Pacífico situada en Pearl Harbor, recibió una nota a las 7.00 horas que le informaba de que los efectivos de la zona habían detectado y hundido un submarino enemigo frente a la bahía. Kimmel acudió al cuartel general para conocer la situación. En la base había 29 destructores, siete acorazados --uno más en reparación--, nueve cruceros y otras embarcaciones, que sumaban casi 100 barcos.

Minutos antes de las 8.00 horas, caían sobre Pearl Harbour las bombas niponas ante la atónita mirada de Kimmel. El almirante japonés Isoroku Yamamoto, estratega principal del ataque, con el comandante Mitsuo Fuchida, habían mandado una primera oleada de bombarderos y cazas, que sería completada con un segundo ataque. Yamamoto escuchaba entonces: "¡Tora, tora, tora!", mensaje de la Marina de Japón que indicaba cuando un ataque se realizaba con éxito. Aun así, los cálculos nipones fallaron, ya que las grandes joyas de la flota estadounidense no estaban en Pearl Harbor. El principal objetivo del ataque: los portaaviones Lexington, Yorktown, Enterprise, Hornet y Saratoga estaba en otros destinos.

Al día siguiente, el presidente de EE.UU. firmaba la Delcaración de Guerra contra Japón, con el apoyo unánime --excepto un voto-- del Congreso. Roosevelt se refirió al ataque de Oahu como "una fecha que vivirá en la infamia". Se trataba, además, de la excusa perfecta para entrar a formar parte activa de la II Guerra Mundial, dando un vuelco completo al rumbo de la Historia.

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