Ella-Titanic

 

Laura Mireia Martín (1º ESO Colegio Romareda)

Ella se sentía sola, terriblemente sola, como si le hubieran arrancado el corazón y lo hubieran echado al mar helado. Las lágrimas corrían lentamente por su hermoso rostro, mojado como el mar.

Un día, encuentra en la Iglesia a un anciano que le susurra unas palabras: no llores más por tu amado, que te salvó porque te quería y para que fueras feliz.

Así que la chica reflexionó y decidió seguir su ejemplo. Quería ayudar a los demás y hacerles felices como él deseaba hacerle a ella, y quería apartarlos del desconcierto aunque no pudiera salvarlos de la muerte en el mar gélido.

Y así ocurrió, pero ella nunca cesó de llorar, todas las noches se asomaba a la ventana y observaba a la luna, brillante y pura como el amor de los jóvenes.

En ella podía ver su sonrisa. Lloraba por el medio trozo de corazón que perdió para siempre entre las olas.

La gente dice que murió de tristeza, otros, de soledad, pero en realidad murió ahogada por sus propias lágrimas.

Su tumba se encuentra en el Mar Muerto, el mar formado por lágrimas de melancolía y lamento.

 

 

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