Escarmiento

 

Víctor Izquierdo (3º ESO La Salle Montemolín)

Hay una historia que los padres cuentan a sus hijos cuando no paran de jugar a los videojuegos. Dicen que Álvaro era un chico normal, con una familia normal, con amigos normales, que iban a un colegio normal. Pero un día anunciaron por la tele el videojuego definitivo, que sería el no va más de la tecnología y diversión. Por supuesto, a Álvaro le encantaban los videojuegos, pero pasaba lo típico, él les decía a sus padres que todos sus amigos los tenían y que él no sería menos, que se lo compraran, pero sus padres, como siempre, le dijeron que no.

Pasaron los días y Álvaro seguía queriendo el dichoso videojuego y sus padres seguían diciéndole que no se lo comprarían. Un día, su madre le dio dinero para que se acercara al supermercado e hiciera la compra. Una vez allí, Álvaro miró la lista que su madre le había dado. Y, mientras se dirigía a la sección de congelados, lo vio... Era el videojuego definitivo, en una estantería, sólo para él, en la zona de electrónica. Estuvo un rato debatiéndose entre hacer lo correcto y hacer la compra, o lo que él ansiaba tanto que era comprar el tan deseado videojuego que tantos quebraderos de cabeza les había provocado a él y a sus padres. Al final, acabó decantándose por el juego, aunque con un remordimiento que le provocaba un nudo en el estómago.

Cuando volvió a casa, su madre vio que no traía la compra y, claro, le preguntó qué había pasado. Él simplemente contestó que había huelga de empleados y habían cerrado hasta nuevo aviso. no le extrañó a la madre demasiado, lo que sí le mosqueó fue que Álvaro le había dicho que tenía un agujero en el bolsillo del pantalón y que yendo hacia el supermercado se le había caído y perdido el dinero.

Tras engañar a su madre, la presión del remordimiento en su estómago aumentaba, pero se calmó un poco cuando llegó el momento de probar el videojuego. Metió el cedé, le dio a empezar y... ¡Zap!, desapareció de su habitación y quedó atrapado dentro del magnífico juego y allí se quedó. Sus padres nunca supieron qué le había pasado y lloraron con angustia su desaparición. Se dice que Álvaro aún sigue dentro del videojuego y, aunque al principio le gustase los videojuegos, seguro que ahora (si aún existe) los odia con toda su alma.

 

 

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