Publicidad y consumismo

 

Teresa Monteagudo (La Salle Montemolín)

Si te parases a pensar, te darías cuenta de que estamos rodeados de publicidad. A cualquier parte que mires, hay un anuncio: periódicos, marquesinas, autobuses, carteleras, televisión, en internet a menudo te aparecen anuncios en pantalla sin comerlo ni beberlo.

No solo eso, la publicidad mueve muchísimo dinero. Los deportistas de élite reciben miles de millones por un anuncio de una determinada marca. En televisión, la programación se interrumpe para anunciar productos nuevos o innovadores. Incluso si prestas atención a tu serie o programa de televisión favorito, descubrirás que los actores beben determinadas marcas de café, usan bolígrafos de marcas prestigiosas o conducen coches deportivos de escuderías mundialmente conocidas.

Teniendo en cuenta toda esta presión comercial, es normal que uses la misma marca de deportivas que ese deportista famoso, bebas lo mismo que en tu serie favorita, vistas de la misma forma que ese tipo de la tele e incluso que comas lo que aparece en la marquesina del bus que coges todos los días para ir al colegio.

Mucha gente cree ver en determinadas marcas o escuderías una marca de estatus social. Pensar esto es caer en la más absoluta pobreza interior. Te basas en los bienes materiales para elegir tus compañías. No, eso no puede ser así; un amigo es un amigo, se vista como se vista o sea como sea. Ten en cuenta estas palabras y olvida las apariencias.

 

 

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