Recuerdos

 

Claudia Arlanzón, 4º ESO Colegio maristas

Incluso hoy,
día de alegrías y festejos,
me encuentro
más solitario que nunca,
ya que mi alma llora en pena.
Pues te la llevaste, Señor,
de la noche a la mañana,
con un tímido amanecer.
Hoy, todavía recuerdo su hermosa mirada.
¡Era tan bella!
Sus ojos eran azules,
cristalinos,
como si nadaran
en medio de un inmenso mar.
Sus labios y mejillas rojas,
siempre llenas de timidez,
destacaban en su blanca
y delicada cara de porcelana,
llena de amor y de vida.
Apenas se podía distinguir
sus ocultos cabellos rubios, rizados
y tan brillantes como el sol.
Pues siempre llevaba
un débil velo blanco
en su cabeza,
bordado de pequeñas
y variadas rosas rojas,
como un inmenso
y maravilloso jardín,
tan lleno de vida,
como la vida misma.

 

 

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