Los Sims: El poder de crear

 

Carmen Marta Lazo y José Antonio Gabelas

Las dos versiones de Los Sims, junto con sus correspondientes extensiones, lo convierten en un videojuego clásico en el mercado, que se ha convertido en el más vendido en la historia de los destinados a PC, con más de seis millones de copias legales adquiridas en cada una de sus entregas.

Ya han pasado ocho años desde que Electronic Arts comenzara a distribuir su producto estrella, en febrero de 2000, y ya se anuncia la comercialización de una tercera versión. El principal secreto de este número uno, diseñado por Will Wright, se debe al poder creador que se le dota al jugador, posibilitando la libre ejecución no sólo en sus acciones, sino también en sus elecciones. Este juego de simulación permite comenzar diseñando los escenarios (hogar, edificios, tamaño de las habitaciones, tipo de muebles,-) y seguir decidiendo qué aspecto físico, personalidad, habilidades y gustos personales van a tener los personajes. El jugador se convierte en un todopoderoso creador de vidas virtuales que hace y deshace a su antojo lo que ocurre, como si se tratara de un director de cine o de un novelista.

Sólo tiene que decantarse por unas cuantas opciones y así va cincelando las tramas del juego, en función de las aspiraciones de sus Sims adultos, que pueden ser relativas a un romance, a la familia, la fortuna, la popularidad o el conocimiento. En el caso de los Sims niños, su aspiración se reduce a crecer para llegar a ser adultos y tener hijos, que al tener su mismo ADN, presentan rasgos de gran semejanza. En las extensiones de la versión 2, los Sims van a la universidad, pueden salir de marcha por la noche, abrir negocios, elegir hobbies o irse de vacaciones durante una semana a elegir entre una isla tropical, la montaña o el Lejano Oriente. Y, lo más sorprendente, también se puede decidir la estación y el clima que van a tener. Uno de los valores que potencia este videojuego es la responsabilidad. Sin embargo, los arquetipos están muy simplificados, quedando reducidos a un número delimitado de variantes, y las acciones restringidas a algunos estereotipos. Por ejemplo, el modelo de las universidades que pueden elegirse se corresponde al típico de los campus estadounidenses o se potencia la competitividad, el éxito y el culto al cuerpo. Sin duda alguna, la mejor elección depende de ti, también la de saber comparar realidad y simulación.

 

 

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