La bruja

 

Cristina Alfranca (3ºC La Salle Montemolín)

En lo más profundo de un bosque de hayas había un pequeño claro donde vivía la bruja Nirtilina. Vivía muy aburrida pues su principal afición había sido espantar a los curiosos y turistas que se acercaban por su bosque. Pero su diversión se había terminado ya que la gente apenas se atrevía a acercarse por aquel sitio desde que se corrió ese rumor de la bruja.

Nirtilina se pasaba el día observando los pueblos cercanos con su bola de cristal y riéndose de sus desgracias. De vez en cuando, encantaba a algún que otro animalillo para que hablara con ella. Otras veces cogía su escoba y se daba un paseo por los alrededores. Un día se cansó de todo esto y mientras observaba su gran bola de cristal, se le ocurrió que mucho más interesante que ver la vida cotidiana de los ciudadanos sería hacer una batalla entre los pueblos vecinos.

Encantada con su nueva idea, cogió su libro de hechizos y buscó el embrujo que más se adaptaba a sus planes. Tras mucho rato de mirar por las hojas, encontró uno que le pareció más excitante que el suyo. El hechizo se lanzaba sobre las mujeres de los pueblos y estas mujeres se dedicaban a encantar y enamorar a los hombres del pueblo contrario. Una vez que los habían atontado, los mataban. Sólo había una pega, que para deshacer el hechizo había que matar a quién lo había desencadenado.

--¡No hay problema! Dijo la bruja despreocupada. ¡Nunca conseguirán ponerse de acuerdo y mucho menos en vencerme a mí!-- . Rápidamente se subió a su escoba y, emocionada, voló hacia los pueblos y lanzó el hechizo. Volvió a su bosque, se acomodó en el mullido sillón de cuero delante de la bola de cristal y esperó a que su fechoría diera frutos. Tal y como ella había planeado, al poco rato, las mujeres comenzaron a conquistar a los hombres y, más tarde, a matarlos. Los hombres al ver lo que hacían las mujeres incontroladas del pueblo vecino se resistieron y atacaron para defenderse.

La bruja se lo pasaba muy bien y se sentía orgullosa de su trabajo, pero su diversión no duró mucho más, pues un grupo que se había separado de los guerrilleros pensó que la culpable podía ser la bruja Nirtilina, así que fueron a buscarla para matarla. La buscaron durante días hasta que la encontraron dormida y tuvieron el gusto de matarla. El hechizo se deshizo.

 

 

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