Reducido a escombros

 

Un ciclón y un terremoto deja decenas de muertos en Asia

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Ha sido cuestión de diez días. Primero, un ciclón arrasó Birmania. Después, un fuerte terremoto sacudió el suroeste de China. La naturaleza ha vuelto a mostrar toda su furia en el continente asiático, donde el balance de víctimas sigue abierto, pero ya se cuentan por decenas de miles. Son tragedias que pasarán a la historia por su gravedad y cuyos focos todavía están abiertos. Ambos países necesitan de la ayuda internacional para empezar a reconstruir todo lo devastado e intentar que las cifras de muertes no vayan en aumento, debido a las malas condiciones en que muchas personas van a tener que vivir después de haberlo perdido todo y de estar incomunicados.

Cuando el mundo se enfrenta a sucesos de estas dimensiones, la mayoría de los países se vuelcan en prestar su ayuda a las víctimas. Así ha sido en el caso de China. La comunidad internacional está esperando que el Gobierno chino abra la boca para enviarle aquello que pide. Pero no ocurre lo mismo en el caso de Birmania, donde la autoridad militar del país se ha mostrado más preocupada de su propia supervivencia política que de la los miles de afectados que se han quedado sin techo, sin comida, sin abrigo...

Esto complica en gran medida la llegada de ayuda internacional, ya que muchas organizaciones han puesto como condición para enviar la ayuda el ser ellos los que la distribuyan entre la población. Temen dejarla en manos de los militares y que ellos la utilicen para sus propios fines. Así las cosas, los que peor parados salen son los más débiles. Se está prestando especial atención al tráfico de niños, porque en estas situaciones siempre hay quien quiere sacar tajada con el comercio de los más pequeños.

En China, el mal tiempo complicó las labores de rescate, pero a pesar de lluvias torrenciales y rutas intransitables, los soldados chinos se afanaban por localizar supervivientes entre los edificios reducidos a escombros por el mayor seísmo en China en más de 30 años, en el que más de 50.000 personas han muerto, están desaparecidas o sepultadas. Hay zonas de la región rota por el terremoto que han quedado totalmente destruidas. En una población de 10.000 habitantes, por ejemplo, sobrevivieron menos de 2.500. La mayoría de las carreteras fueron destruidas por el temblor o son intransitables por los deslizamientos de tierras, lo que limita la cantidad de víveres y medicamentos que pueden trasladar para los afectados. Los canales de televisión chinos no han parado de difundir imágenes de cuerpos retirados de los escombros, que se alternaban con las de los supervivientes, muchas veces heridos de gravedad al derrumbarse una escuela, fábricas, hospitales o viviendas. Dicen que colegios enteros han quedado sepultados por el seísmo y cientos de niños continúan bajo los escombros con escasas posibilidades de seguir con vida. En el exterior, padres desesperados protagonizaban la semana pasada una dramática espera.

El ciclón Nargais azotó la costa sur de Birmania el pasado 4 de mayo causando casi 40.000 víctimas mortales reconocidas el viernes pasado, pero estimadas al menos en el doble, según la ONU. Algunas organizaciones no gubernamentales estiman que habría más de 100.000 víctimas y dos millones de desplazados. Las autoridades gubernamentales no permitieron la entrada en el país de especialistas extranjeros enviados para coordinar la distribución de la ayuda humanitaria que habían enviado diferentes gobiernos, a la vez que decomisaron cuatro remesas de asistencia que fueron finalmente entregadas a la población civil en cajas que llevaron impresas las figuras de la cúpula militar que dirige el país. La ayuda va llegando a Birmania, pero mucho más despacio de lo que sería deseable, según decían la semana pasada fuentes de la Organización de las Naciones Unidas.

De momento, las imágenes de la televisión no dejan lugar a dudas: toda ayuda es poca. Los expertos dicen que 72 horas después de un terremoto encontrar supervivientes es prácticamente un milagro. Sin embargo, en el terremoto de 1985 en México, donde se derrumbaron tres hospitales completos de la capital, se consiguió rescatar a tres bebés de incubadora, que pasaron siete días bajo los escombros, completamente solos, sin nadie que les diera de comer o beber, ni los protegiera del frío. En el momento de sacar al primer bebe (una niña), el personal de rescate apagó toda la maquinaria y se hizo el silencio. Todos aguzaron los oídos esperando el llanto del bebé, que llegó, haciendo un alarde de vida. Hoy, millones de chinos esperan justamente eso: un milagro.

A debate

Las restricciones del Gobierno militar birmano están incrementando el riesgo de hambruna y enfermedades. La Unión Europea, Estados Unidos y otros muchos países están intentando hacer llegar ayuda humanitaria a Birmania, pero las autoridades de la zona no dejan entrar en el país a casi nadie, así que las víctimas reciben ayuda con cuentagotas.

Las catástrofes naturales siempre se ceban con los más débiles porque son quienes menos recursos tienen para hacer frente a las malas condiciones. Dicen que en las grandes ciudades chinas, la mayoría de los edificios se mantiene en pie, mientras que las aldeas y las poblaciones rurales han sucumbido por completo.

En la web:
Birmania en la Wikipedia
Yahoo! noticias

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Tema de la semana

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón